Enfrentarse a reseñar un disco publicado por una banda que te ha acompañado durante varias décadas de tu vida no es nada fácil. Para poder disfrutarlo el trabajo debe reunir una serie de ingredientes que, cuanto más veterana es una banda, más difíciles resultan de encontrar. Por un lado debe mantener la esencia y ser perfectamente reconocible, para mantener enganchados a sus seguidores, sin caer en la repetición. Por otro, ha de ofrecer sonidos novedosos, adaptarse a los nuevos tiempos y competir con otros grupos que llegaron después y tienen ideas frescas. Con algo de suerte y un poco de inspiración divina, cada nuevo disco es una oportunidad de sumar nuevos seguidores entre las nuevas generaciones de melómanos, sin descuidar a aquellos que éramos adolescentes cuando la banda encontró la fama en los ochenta.
Comenzar la escucha del último trabajo de STRYPER es como abrir una caja sorpresa. Se entremezclan la ilusión por encontrar tu nueva canción favorita del grupo y el miedo a no encontrar lo que esperas. Lejos quedan los rituales que debíamos seguir en los tiempos en los que comprábamos vinilos, cuando tras ir a la tienda volvíamos a casa, sacábamos el disco de su funda, lo colocábamos en el plato con sumo cuidado y bajábamos la aguja. Hoy en día un toque en una pantalla ha sustituido a todo el proceso analógico, y eso también influye en el estado de ánimo del oyente. Por eso, a la hora de desgranar un disco nuevo, procuro encontrar el lugar mental equivalente, preparándome con antelación, sin precipitarme a la hora de comenzar a reproducir la música sin más. De otra manera, el disco me entraría por un oído y me saldría por el otro, como se dice a quien oye pero no escucha. Así que, a la hora en la que me dispongo a disfrutar de “Throne Of Thorns”, el decimoctavo disco de estudio de STRYPER, en mi cabeza ya resuenan los ecos de sus discos clásicos. Si algo caracteriza el hard rock de STRYPER es su capacidad de alegrar el espíritu, con cantos a la esperanza y sermones disfrazados de canciones de hard rock. Siendo honestos, a estas alturas de la película no esperamos rebeldía ni buscamos mensajes complejos. De STRYPER esperamos que se mantengan como la banda más famosa de rock cristiano, y los seguiremos como el rebaño de ovejas sigue a su pastor. El éxito de STRYPER se basa en su capacidad de congregar a sus seguidores gracias a sus potentes himnos, sin distinción de creencias religiosas.
Con STRYPER en estado puro, el disco abre con la canción que lo titula, “Throne of thorns”. Este incómodo trono de espinas, símbolo de poder y de sufrimiento, es la carta de presentación del trabajo, cuyo videoclip ya se publicó un par de meses antes de la fecha oficial de lanzamiento, que será el próximo 25 de septiembre. Es un tema pegadizo, que comienza contundente con unos tambores a los que rápidamente se le unen las guitarras y un MICHAEL SWEET que sigue teniendo la voz tan característica que nos cautivó cuando éramos, tanto él como sus fans, unos chavales. Tal vez no llega a los agudos alucinantes de aquellos tiempos, porque la edad no perdona, pero el simple hecho de que sigan estando ahí esos gritos modulados nos ancla a esa esencia de la que hablaba desde el principio. Otras características musicales incorporadas a este corte son los elementos corales, que arropan a la voz solista en los estribillos para evocar la sensación de estar en un templo. La letra nos habla de fe y de dolor, de superar pruebas para alcanzar la tierra prometida. Un comienzo épico a la vez que clásico.
Una base mucho más heavy pone los cimientos para el segundo tema, “Here In Your Heart”, construido con mayor complejidad que el anterior, con varias voces e instrumentos de cuerda cuyas melodías decoran el conjunto y no se irán fácilmente de tu cabeza. La letra, que sigue apelando al fuego y al sufrimiento, juega con la ambigüedad, para no saturar al oyente con mensajes bíblicos constantes. La canción funciona en dos planos musicales, graves y agudos, creando ese cóctel buscado por los amantes del metal. La introducción instrumental se hace, no obstante, demasiado corta: sin dar tiempo a disfrutar esos acordes profundos pasa directamente a las partes cantadas, dando la sensación de estar resumida. Quizás aquí se ha perdido la oportunidad de elaborar un poco más una receta con buenos ingredientes, produciendo un resultado tan sencillo que resulta demasiado simple. Que el lector no me malinterprete, no es una mala canción, todo lo contrario, precisamente porque es buena se echa de menos mayor contenido en ella.
El tercer tema, “Falling”, comienza directamente con el verso que se va a repetir a lo largo del tema para invocar esa fuerza sobrenatural que impide que caigamos, ya sea a un abismo, al infierno, o a un metafórico suelo. El acompañamiento musical está, por ello, obligado a elevar el espíritu, y para ello los tambores de Robert Sweet no nos van a dejar respirar. La percusión es sencilla pero efectiva. Las transiciones entre las distintas partes de la canción, los acompañamientos corales y el sonido en general tienen reminiscencias a clásicos de DOKKEN. Aunque la estética del glam metal sea cosa del pasado, su influencia musical sigue bien presente. Su imagen fue una moda pasajera, pero su sonido se resiste a marcharse.
Publicada en mayo de este año con lyric video, “I’m Alright (I’m Okay)” no es una canción especialmente compleja, de ella lo más destacable es su solo de guitarra a cargo del siempre presente Oz Fox. Me despierta gran curiosidad adivinar cuáles son los criterios que la llevaron a ser elegida como uno de los sencillos publicados por delante de otras canciones que bajo mi punto de vista musicalmente merecían mayor exposición. Aunque no debemos olvidar que hacer zoom sobre los detalles puede producir una pérdida de perspectiva: quizás esta canción sola no se entienda, sin embargo, en el contexto que la rodea, estando en un disco de una banda con más de cuarenta años de historia, habla de la elección de caminos, de relaciones perdidas y de encontrar la fuerza para caminar por uno mismo. Quizás es una reafirmación de las decisiones tomadas para llegar al punto en el que están ahora. Es una canción mucho más personal, apartada del tema religioso, al que claramente volvemos en la siguiente, “Waiting For You”, en la que Dios nos habla directamente a través de su profeta MICHAEL SWEET. Las melodías edulcoradas de STRYPER se pegan como algodón de azúcar. Aunque la canción no termina de atraparme, sirve para devolverme al camino espiritual que recorre buena parte del disco.
De nuevo volvemos a bases más pesadas en el mismo centro del trabajo con “Carry the flame”, construida sobre un ritmo simple constante de principio a fin. Con más imágenes de fuego y cuyos brillantes coros y coloridas guitarras vienen a suavizar la potencia que subyace en los acordes de la composición, la voz de MICHAEL SWEET destaca por su dramatismo y demuestra estar en plena forma.
Pasado el ecuador del disco se nos presenta “Hollywood”, un recuerdo de los sueños que tienen los que comienzan una carrera artística. Llevando un poco más lejos la interpretación, se puede considerar que Hollywood representa una mundana tierra prometida a la que todo artista aspira a llegar. Personalmente es la canción que menos me transmite, no sé si por exceso de coros o por falta de complejidad en las cuerdas, pero me resulta demasiado dulzona, incluso sin que sea ninguna sorpresa que escuchar un disco de STRYPER trae consigo una inevitable subida de glucosa.
Pero esta banda no da puntada sin hilo, y “Beautifully Broken” es una muestra de ello. Este disco hay que escucharlo en orden para entender el mensaje completo. Tras hablarnos de que Dios nos está esperando, ahora nos transmiten que no hay que ser perfecto para llegar a encontrarlo. Con más referencias al fuego y producida con esmero, es la joya del disco, la que tiene el mejor solo de guitarra, los arreglos más entretenidos, los coros más equilibrados y, sobre todo, los gritos más nostálgicos. Es un ejercicio de veteranía que nos devuelve a los inicios, con presente y pasado dando cuerpo a la pieza.
Musicalmente, “Ashes To Roses”, cenizas a rosas, nos traerá de nuevo a esa época de glam metal, con reminiscencias de cientos de canciones que se escuchaban en aquellos tiempos. En cuanto a su letra, era inevitable que tanto fuego nos llevara a las cenizas, ya he mencionado que el disco no es una sucesión aleatoria de canciones, hay que escucharlo en orden para entenderlo. Nos están llevando al final conectando con el principio, las espinas de las rosas ya estaban presentes en el primer tema. Aquí el mensaje religioso es evidente y no hay que cavar muy profundo para encontrarlo, el encuentro con Dios transforma la destrucción en vida y belleza. Publicado también como lyric video un mes antes del lanzamiento del disco, en este caso, sí tiene sentido extraer este tema como adelanto del trabajo para funcionar junto con el primer corte, ya que ambos están claramente conectados.
Acercándonos ya al final encontramos “Alone Again”. Y es que, por mucho que nos refugiemos en la fe, encontremos nuestro camino o cumplamos nuestros sueños, esta canción nos recuerda que la vida está llena de altibajos. “Alone Again” podría haber sido escrita hace treinta o cuarenta años, habría sonado exactamente igual, podría haber sido parte de la banda sonora de una película y podría haberse convertido en una canción de culto. Al haberse escrito en 2026 lo más probable es que pase injustamente desapercibida. De hecho, ni siquiera ha sido publicada como single, y vuelve a ocurrirme lo mismo que con “Beautifully Broken”, para mi sorpresa mis criterios quedan en el lado opuesto de la opinión de quienes deciden qué canciones van a tener videoclip o se van a promocionar más. Es una canción de versos sencillos, pero con mucho detalle musical, destacando las líneas de bajo, interpretadas por Perry Richardson. Las guitarras se compenetran, la batería reivindica su lugar y la voz se alza sobre todos ellos.
La escucha acaba con “Shadowbreaker”, con una batería bastante protagonista y unos coros destinados a subrayar aquellas partes importantes. No termino de decidir si esto es algo positivo, ya que aporta variaciones a lo que veníamos escuchando; o algo negativo, al darle mayor relevancia a elementos que deberían acompañar sin estar colocados en un lugar excesivamente relevante. A pesar de ello, es un buen tema para cerrar, dejando al oyente cargado de energía.
Como reflexión final destacaría la homogeneidad del disco, probablemente debida en gran parte a la escasa duración de las canciones. Las dos canciones más largas duran cuatro minutos, mientras que el resto rondan los tres minutos y medio. Manejando estos tiempos tampoco se puede salir mucho de la estructura clásica con estrofas, estribillos y solos. No permite lucirse a los músicos, ni da lugar a momentos más impredecibles. Tampoco se han incluido temas acústicos o de tiempos lentos, que nos permitan sacar el mechero o la linterna del móvil mientras mecemos los brazos. A pesar de ello, “Throne of thorns” es un disco muy disfrutable. Esa homogeneidad también puede entenderse como una virtud. “Throne Of Thorns” no tiene tiempos muertos ni canciones que parezcan estar ahí para completar minutos; todo va al grano, con estribillos que se quedan en la cabeza, guitarras que mantienen el pulso y una producción que permite disfrutar de cada instrumento sin perder la contundencia. STRYPER no necesita grandes artificios para demostrar que conoce perfectamente el terreno en el que se mueve. Hay canciones más pesadas, otras más melódicas y momentos en los que los coros adquieren mayor protagonismo, pero todas forman parte de un mismo universo sonoro. Quizás no sea un disco que necesite varias escuchas para descubrir su mensaje, pero sí uno que invita a volver a ponerlo cuando lo que buscas son tres cuartos de hora de hard rock intenso y melódico ejecutado por músicos que llevan décadas sabiendo exactamente lo que hacen.
En definitiva, STRYPER cumplen sin arriesgar, regalándonos varios temas muy destacables, manteniéndose en la complicada posición de publicar canciones de rock cristiano dirigidas a un público cuya devoción deja a un lado la religión para dirigirse fielmente hacia cuatro veteranos del heavy metal.
STRYPER son:
Michael Sweet – Voz principal / Guitarra solista y rítmica
Robert Sweet – Batería y percusión
Oz Fox – Voz / Guitarra solista y rítmica
Perry Richardson – Voz / Bajo
Puedes disfrutar del primer vídeo de este disco a continuación:
