Hay fechas que se tatúan. El 18 y el 20 de junio de 2026 son dos de ellas. Después de 24 años sin pisar suelo mexicano, RUSH volvió a la Ciudad de México con todo el peso de su historia y la certeza de que lo que estaba a punto de ocurrir en el Palacio de los Deportes no iba a repetirse en mucho tiempo, si es que se repite.
Un regreso que nadie esperaba
La historia de cómo RUSH llegó aquí en 2026 es, en sí misma, material de crónica. El deterioro físico de Neil Peart obligó al retiro de la banda en 2018 tras la gira R40 de 2015. Dos años después, el 7 de enero de 2020, Peart murió a causa de un tumor cerebral. Con él parecía cerrarse, de manera definitiva e irrevocable, el libro del trío canadiense.
Lo que nadie anticipaba era que Geddy Lee y Alex Lifeson —tras años de silencio, algunos conciertos tributo y mucho tiempo de reflexión— decidirían volver a los escenarios bajo el nombre de RUSH. No con un sustituto cualquiera, sino con la baterista alemana Anika Nilles, a quien llegaron por recomendación del técnico de bajo de Lee después de verla trabajar en la última gira de Jeff Beck. Una semana de ensayos fue suficiente para que ambos músicos se miraran y supieran que tenían a su baterista. La gira se llamó Fifty Something, en referencia a los más de cincuenta años de historia de la banda, y México entró en la hoja de ruta desde el principio: dos fechas en el Palacio de los Deportes, el jueves 18 y el sábado 20 de junio.
Jueves 18: un día canadiense en el Domo de Cobre
El primer concierto tuvo un contexto que ningún guionista habría podido escribir con mejor timing: el mismo día en que Canadá ganaba su primer partido en la Copa del Mundo (que se disputa en Canadá, México y Estados Unidos), la banda más importante en la historia del rock surgida de esa nación pisaba la Ciudad de México por primera vez en casi un cuarto de siglo. Mientras afuera el caos habitual de la CDMX se multiplicaba por la euforia futbolera por la victoria de México ante Corea del Sur, el diluvio y el metro colapsado, adentro del Palacio la historia empezaba a escribirse sola.

El video de apertura marcó el tono desde el primer segundo. Un montaje titulado Where’s Rush? recorrió escenas con Paul Rudd y Jason Segel en sus papeles de la película I Love You, Man —la comedia de 2009 donde la banda hizo un cameo y cuya trama gira en torno a dos amigos unidos por su devoción al grupo— y al ya clásico personaje animado de Lil’ Rush, procedente de los sketches de South Park que acompañan los shows del trío desde 2007. Todo esto proyectado en una de las pantallas translúcidas más grandes que haya visto el recinto capitalino, capaz de subir y bajar del techo con una sincronía que en temas como “Witch Hunt” y “2112” se combinó con columnas de fuego para producir uno de los espectáculos visuales más elaborados que se recuerden en ese escenario.
“Xanadu” abrió el primer set —primera vez en la historia de la banda que ese tema sirve como canción inaugural de un concierto— y la noche fluyó con un primer acto que incluyó sorpresas como “Red Sector A”, la favorita de culto “La Villa Strangiato” con sus visuales de carnaval y luces giratorias, y “New World Man”, que no se tocaba en vivo desde 2002. El público mexicano respondió con una familiaridad y una energía que dejó visiblemente sorprendidos a los fanáticos extranjeros presentes, varios de los cuales habían viajado especialmente para las fechas. Cuando llegó “La Villa Strangiato”, la sección instrumental que el público comenzó a corear de memoria contagió a Geddy Lee en pleno escenario.

No todo fue perfecta maquinaria. En “Tom Sawyer”, al inicio del segundo set —presentado nuevamente por la animación de South Park—, hubo una pequeña falla en la introducción que el público absorbió sin drama. Lo que vino después disolvió cualquier irregularidad: la ejecución íntegra de Moving Pictures, el álbum de 1981 que muchos consideran el punto más alto de la carrera de la banda. Los siete temas del disco sonaron de principio a fin, en orden, durante casi cuarenta minutos. “Tom Sawyer”, “Red Barchetta”, “YYZ”, “Limelight”, “The Camera Eye”, “Witch Hunt” y “Vital Signs” cerraron con una pantalla translúcida que descendió hasta el nivel del escenario para envolver al cuarteto en una línea vital verde. Pocas veces un álbum tocado completo en vivo ha justificado tanto la decisión.
El tributo a Neil Peart corrió por dos carriles a lo largo de la noche. En “Bravado”, las pantallas se llenaron de imágenes del baterista y el Palacio guardó una emoción que pocas palabras pueden describir. Geddy Lee lo recordó en voz alta por su labor como letrista, el arquitecto de las ideas que dieron forma a cinco décadas de canciones. “Time Stand Still” funcionó como el segundo momento de homenaje formal, cargado de una solemnidad que Anika Nilles sostuvo desde la batería sin buscar protagonismo, dejando el centro del escenario a Lee y Lifeson, quienes se divirtieron y se emocionaron con la naturalidad de dos músicos que llevan más de medio siglo tocando juntos.

El encore rescató los orígenes: “Finding My Way” y “Working Man”, dos temas del primer disco del grupo, publicado en 1974 —el único álbum de estudio de RUSH que no contó con Neil Peart en la batería, sino con John Rutsey, quien falleció en 2008. Un cierre que fue, al mismo tiempo, un homenaje a todos los que estuvieron antes.
Sábado 20: el mismo espectáculo, otra historia
Una de las marcas distintivas de la gira Fifty Something es que cada concierto presenta un setlist diferente, algo que RUSH ha mantenido con rigor desde su arranque en Los Ángeles. La segunda fecha en la CDMX no fue la excepción. “The Analog Kid”, “Freewill”, “Leave That Thing Alone”, “The Trees”, “The Anarchist” y “Distant Early Warning” entraron en lugar de varios temas de la noche anterior, y el segundo set arrancó esta vez con “2112” en su versión completa —suite entera, desde la Obertura hasta el Grand Finale— con pirotecnia que convirtió el fondo del escenario en algo más cercano a un evento espacial que a un concierto de rock.
El encore del sábado incluyó “By-Tor & The Snow Dog”, otra pieza de los primeros años de la banda, antes de cerrar nuevamente con “Working Man”. Dos noches, dos experiencias distintas, el mismo nivel de entrega.
Anika Nilles y la cuestión del legado
A lo largo de ambas fechas, la actuación de Nilles esquivó la trampa más obvia, que era intentar ser Neil Peart. Mientras Lee y Lifeson desplegaban en el escenario el humor y la complicidad que los ha caracterizado siempre —dos músicos que claramente disfrutan lo que hacen y no ocultan que se están divirtiendo—, la baterista alemana sostuvo el andamiaje rítmico con una precisión que va más allá de la técnica. El control dinámico, las subdivisiones complejas y la capacidad de adaptarse a un repertorio de cinco décadas sin perder identidad propia son cualidades que justifican su presencia en ese banquillo.
Mike Portnoy, que no pudo asistir a los shows pero siguió los primeros conciertos de la gira en Los Ángeles, expresó públicamente su admiración por su desempeño. Otros bateristas de renombre de la escena internacional se sumaron a las muestras de reconocimiento. El veredicto, dentro y fuera de México, apunta en una sola dirección: Rush, 18 y 20 de junio de 2026, Palacio de los Deportes, Ciudad de México. Dos noches para la posteridad.

Fotografías: Cortesía de OCESA (Liliana Estrada)

