Por: Mayra Ramírez Guerrero
El Autódromo Hermanos Rodríguez se convirtió, durante un fin de semana completo, en territorio tomado por una generación que aprendió a gritar con el diafragma antes que con las palabras. El Vans Warped Tour llegó por fin a la Ciudad de México con dos jornadas marcadas por la nostalgia millennial, la política subida al escenario y una llovizna intermitente que acompañó buena parte de las tardes sin llegar nunca a arruinar el plan. Entre pirotecnia y coros de himnos que muchos memorizaron hace 20 años, el festival confirmó por qué sigue vivo pese a haber cerrado sus giras masivas en 2019.
Sábado: la apertura y el cierre con Papa Roach
Goldfinger abrió con fuerza en el escenario Beatbox. La banda angelina, con John Feldmann al frente desde hace más de tres décadas, sacó al público de su letargo matutino con un set de ska punk que puso a saltar a los primeros cientos de asistentes del día.
En el escenario Corona Cero, Winona Fighter conquistó a los curiosos de la primera tarde. Detrás del micrófono, Coco Kinnon —criada en la escena punk de Boston antes de mudarse a Nashville, donde formó la banda junto al guitarrista Dan Fuson y el bajista Austin Luther— desató un show breve pero sin respiro, apoyado en el material de su primer disco, My Apologies to the Chef. Sin la trayectoria de los nombres grandes del cartel, la banda dejó claro por qué ha empezado a colarse en festivales de esta escala.
El festival mismo carga una historia de altibajos que vale la pena recordar. Kevin Lyman lo echó a andar en 1995 como un circuito itinerante que combinaba punk, hardcore y skate, y durante más de veinte años fue sinónimo de gira de verano en Estados Unidos. El modelo colapsó en 2019, golpeado por costos disparados y una oferta de festivales que terminó por asfixiarlo.

El bloque de metalcore de la tarde enfrentó a dos nombres que terminaron dividiendo por momentos al público entre dos escenarios contiguos. The Devil Wears Prada, banda de Dayton, Ohio, con casi veinte años de carrera bajo el mando de Mike Hranica, repasó su catálogo reciente sin dejar fuera los himnos que la acompañaron en ediciones pasadas del Warped original. Al mismo tiempo, Atreyu subió al escenario sin Alex Varkatzas, su vocalista fundador, ausencia que la banda de Orange County ha sabido sortear desde hace algunos años con Brandon Saller al frente.
La tarde trajo consigo una llovizna intermitente que no llegó a vaciar los escenarios, apenas obligó a algunos a sacar la capa impermeable guardada en la mochila desde la mañana.
Dropkick Murphys convirtieron su set en una declaración de principios. La banda de Quincy, Massachusetts, alternó himnos celtas con arengas contra las políticas migratorias de Donald Trump, y Ken Casey, su vocalista y fundador, terminó cantando pegado a la valla, a centímetros de las manos que se estiraban para tocarlo. Antes de cerrar pidió perdón, en nombre propio, por cómo Estados Unidos ha tratado históricamente a México, y el público respondió coreando contra ICE como si llevara ensayado el grito.
Mientras tanto, la escena local también se hizo notar. La carpa Little Caesars retumbó con el deathcore de Here Comes The Kraken, y el escenario Corona recibió a Allison, que en cuarenta minutos de pop punk convocó a una multitud considerable. No todo fue celebración: Of Mice & Men tuvo que parar su show a mitad de canción cuando alguien se desvaneció entre las primeras filas, y la banda esperó en el escenario hasta ver que la persona recibía atención.

Buena parte del público salía de la carpa Little Caesars, donde The Ataris había llegado a México con la gira de aniversario de Blue Skies, Broken Hearts… Next 12 Exits, el disco que llevó a la banda de Kris Roe a la fama a inicios de los dosmiles, y se encaminaba hacia el escenario principal para alcanzar a Rise Against.
El trayecto se interrumpió a medio camino. Kevin Lyman apareció solo en el escenario principal, sin banda detrás, para anunciar que el vocalista de Rise Against había sido hospitalizado de urgencia y que el show quedaba cancelado. Hubo abucheos y caras de frustración genuina, sobre todo entre quienes habían cruzado el país, o incluso una frontera, solo para ese set. Lyman prometió que Rise Against sería la primera banda confirmada para la edición 2027, de paso confirmando que el festival tendrá continuidad en México.
The All-American Rejects, en su primera visita a un escenario mexicano, se lanzaron por un terreno inesperado: un homenaje a Kiss con vestuario a juego y a Gene Simmons apareciendo en pantalla, un respiro glam en medio de tanto punk y hardcore.
El cierre de la primera jornada quedó en manos de Papa Roach, formación surgida en 1993 en Vacaville, California, y encabezada por Jacoby Shaddix. Ante un público visiblemente cansado tras un día largo de pie, la banda construyó su set sobre los himnos que la llevaron al éxito a inicios de los dosmiles, entre ellos Dead Cell, Between Angels and Insects, Scars (con fragmentos en español), entre otras. Shaddix se movió de un extremo a otro del escenario tratando de reactivar a una audiencia agotada, y lo logró con creces cuando llegó el tramo que la propia banda bautizó como su Nu Metal Time Machine, un ensamblaje de versiones tributo a Korn, Deftones, Limp Bizkit y System of a Down, para después soltar su propio himno: Last Resort. Ese fragmento funcionó como una carta de amor directa al género que marcó a buena parte del público ahí presente, un viaje de regreso a finales de los noventa y principios de los dosmiles construido con fragmentos, no con canciones completas, pero suficiente para que el cansancio dejara de importar durante diez minutos.
Domingo: el cierre entre pirotecnia y mariachis
Domingo, segundo día del festival, desde temprano puedes ver gente a los alrededores o ya formados esperando el acceso. Las puertas abren a las 11 y comienza el ingreso. Todos nos dirigimos enseguida al fondo. Detrás de la rampa principal para skate y justo enfrente de los escenarios principales, encontramos el inflable con los horarios. La espera se hace eterna, tal vez por estar bajo el sol. Después de unos minutos Kevin Lyman da por inaugurado este segundo día y revelan horarios y escenarios.
Arranca el día, la gente comienza a llegar poco a poco, las bandas más pequeñas se adueñan de los escenarios, algunos presentando propuestas nacionales y uno piensa, “qué chingón, necesito ir a ver qué hay nuevo”. Hay que hacer cálculos mentales de qué bandas vamos a ver, a qué hora inicia cada concierto. Tiempos de traslado de un escenario a otro, necesarios descansos para comer, tomar agua, ir al baño, por supuesto tomarse la selfie junto a la van de Vans y el arte de los carteles, echarle un ojo a las exhibiciones de patinaje y tal vez hacer fila más de media hora para comprar una playera a sobreprecio porque me gustó y “para eso trabajo, para darme los gustos que no me pude dar de morro”.
Y esa es la clave de este festival. Nostalgia. En todos lados se habla de que está lleno de “chavorrucos”. Treintones vestidos como Steve Buscemi o el Sr. Burns en los memes. Y ni cómo negarlo, pero estos treintones, “Godínez” de lunes a viernes, están haciendo feliz al adolescente emo que nunca tuvo oportunidad de ver bandas así en vivo. Propuestas nacionales, punk, rock, post hardcore y aquellos ritmos que para muchos fueron nuestra puerta de entrada a este precioso y vasto género que es el metal.
En uno de los escenarios principales se presenta Pennywise, es la primera canción y ya se abrió el moshpit, vuelan vasos de cerveza y uno que otro golpe también. La banda se entregó totalmente al público, cantando clásicos de su repertorio, fragmentos de “Bob” y “Kill All the White Man” de NOFX y la clásica “Stand by Me”. Cierran con “Bro Hymn” y recordándonos que son Pennywise de Hermosa Beach, California, en el bello país de Estados Unidos de “Fuck you Trump”.
A los pocos minutos, en el escenario contiguo empieza la presentación de Black Veil Brides. Aquí no hay moshpits tan enérgicos, pero eso no se confunda con apatía. La banda sale al escenario y se escucha la emoción del público. Para el debut en vivo de “Cut” la acompaña Lilith Czar, esposa del vocalista Andy Black, y mientras cantan se dan un pequeño beso en el escenario mientras todos suspiramos creyendo en el amor. Es hora de Jimmy Eat World y posponen su show hasta pasadas las 11. No obstante, unas cuantas horas después cancela el show debido a “situaciones imprevistas”.
Hay que correr a otro escenario porque, ya que nuestras rodillas salieron del retiro del mosh, sería una pena desperdiciar la presentación de Agnostic Front. Tal como esperábamos, el ambiente es más brutal, más caótico, y si mañana va a doler, pues que duela con provecho.
En uno de los escenarios principales se presenta Simple Plan y se nota la emoción del público. Ni la llovizna apagó los ánimos. Todos aquellos vestidos de Scooby Doo son invitados al escenario y, en uno de los momentos random que solo ocurren en México, el mariachi les canta las mañanitas porque resulta que la fecha coincide con la primera emisión de la caricatura. Felices 57, Scooby.

Para estas alturas la llovizna ha dejado algunas zonas resbalosas, nada que un buen par de Vans no aguantara. Con los tenis algo salpicados de lodo, nos llevan al último concierto del día. División Minúscula cierra esta edición, y qué mejor que una banda mexicana para ello. Escuchamos los himnos clásicos de la agrupación y, entre pirotecnia, terminan el show anunciando su próxima presentación para celebrar los 20 años de Defecto Perfecto. Y ahora sí, correle aunque ya no alcancemos metro, porque mañana hay que trabajar y empezar a pensar en la edición de 2027.

Fotografías: Mayra Ramírez Guerrero

