miércoles, septiembre 30, 2026
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    “Laberinto”, el largamente esperado nuevo trabajo de DRAGONFLY

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    Después de más de quince años recorriendo escenarios, publicando discos y llevando su música más allá de las fronteras de España, a DRAGONFLY ya no se le puede considerar una banda que esté buscando su lugar dentro del heavy metal. Siete álbumes de estudio y giras por España, Estados Unidos, México y otros países de Latinoamérica avalan una trayectoria que los ha convertido en uno de los nombres habituales del power metal en castellano.

    Ahora regresan con “Laberinto”, un nuevo lanzamiento a través de Art Gates Records que reúne cinco canciones y que vuelve a poner sobre la mesa esa combinación de melodía, potencia y dramatismo que ha acompañado a la banda valenciana durante buena parte de su carrera. Con Pablo Solano a la voz, Juanba Nadal al bajo, Víctor González a la guitarra, Isauro Aljaro a los teclados y Jorge Alcázar tras la batería, DRAGONFLY afronta este nuevo trabajo manteniendo una formación que conoce perfectamente el terreno en el que se mueve.

    Y quizá ahí esté precisamente el reto para una banda con tantos kilómetros a sus espaldas: seguir siendo reconocible sin limitarse a repetir la misma fórmula. Porque cuando ya has recorrido tantas veces el camino, encontrar una salida nueva puede convertirse, precisamente, en todo un laberinto.

    Habiendo grabado su disco anterior hace ya cuatro años, este nuevo trabajo se ha hecho esperar. El tiempo entre publicaciones siempre juega en contra de una banda: no solo se corre el riesgo de caer en el olvido de los seguidores de memoria frágil, sino que también sucede que, para los fans que sí los llevan en el corazón, las expectativas crecen. Cuanto más tiempo pasa, más difícil resulta imaginar que los músicos hayan podido dedicar todo ese tiempo a otra cosa que no sea perfeccionar su esperada obra.

    Este “Laberinto” nos trae cinco canciones que, contrariamente a mi costumbre, no voy a reseñar en orden. Al fin y al cabo, un laberinto, por definición, no es un recorrido con una dirección definida, sino un lugar que invita a perderse en él. Mi entrada a este espacio musical es “Un beso y una flor”, ya que nada más leer el título asumo que es una versión de la canción que hizo famosa el también valenciano Nino Bravo poco antes de que yo naciera, es decir, hace la tira de tiempo.

    Nino Bravo tenía una voz portentosa que se apagó con su muerte trágica y prematura, consiguiendo así un lugar perpetuo en el corazón de los jóvenes de los años 70, la generación de mis padres, que mantuvo vivo su recuerdo. De esta manera, sus éxitos terminaron formando parte también de la banda sonora de mi infancia. Elijo empezar por ella porque la curiosidad me puede, y encuentro una versión de power metal que probablemente horrorizaría a mi padre, como ya le horrorizó en su día el Adagio de Albinoni pasado por la guitarra de YNGWIE MALMSTEEN.

    El problema de atreverse con una versión de alguien tan grande como Nino Bravo es que resulta imposible evitar las comparaciones. A pesar de que Pablo Solano es un gran vocalista, la sombra de Nino Bravo es demasiado alargada como para que cualquier intérprete pueda salir indemne de la comparación, y precisamente por eso esta no es una canción en la que Solano pueda lucirse como lo hace en el resto del EP. Se puede argumentar que, al tamizar la canción a través de un doble bombo a toda velocidad y electrificarla a base de guitarras, adopta una nueva dimensión. La modernización no se detiene aquí: una pista vocal que hace eco de la principal se superpone a todo el montaje musical, repitiendo las palabras con un corto delay. Es posible que sea cosa mía, pero tengo la impresión de que esta técnica es una de esas modas destinadas a desaparecer. En definitiva, como curiosidad está bien, pero no la añadiría a mi playlist de canciones favoritas.

    Desconozco la razón por la que DRAGONFLY ha elegido “Un beso y una flor” para cerrar el trabajo, pero puedo aventurar que es una forma de reafirmarse en su identidad valenciana. Esto me lleva al tercer corte del disco, “Renacer”, una canción dedicada a las víctimas de la DANA que arrasó trágicamente varias comarcas de su tierra en 2024.

    En “Renacer” encontramos un tema social con una fuerte carga emotiva, que pretende trasladar un mensaje de esperanza después del dolor, y lo consigue a través de sus arreglos musicales. Destacan especialmente los teclados de Isauro Aljaro, que añaden esas notas brillantes capaces de elevar el espíritu. “Renacer” es ese tema al que acudir cuando los ánimos no están llevándonos por buen camino, y para conseguirlo se apoya en un medio tiempo cargado de sonidos agudos. El talento de los músicos se pone al servicio de las emociones, sin embargo, es cada oyente el que subjetivamente tiene que decidir si le llega al corazón. Objetivamente es justo decir que ellos han hecho su trabajo, ahora corresponde al oyente decidir si ha recibido el mensaje.

    “La bestia en mi interior” es una de las dos canciones que han dejado sin publicar hasta el próximo 2 de octubre, fecha oficial de salida. Es el tema más pesado, con una introducción de guitarras, a cargo de Víctor González, que anclan la composición al suelo mientras los teclados vuelan por encima. Es, sin duda, mi favorita de este “Laberinto”, y aquí Pablo Solano se luce desplegando todas sus impresionantes capacidades vocales e interpretativas.

    En esta escucha desordenada llega el turno de “Cuando el cielo calla”, la otra canción que se publicará en la fecha oficial de salida, donde se da protagonismo a la batería de Jorge Alcázar, que desde el principio acapara la atención del oyente. Sobre ella se apoyan los cambios de velocidad que atraviesan el recorrido del tema. No es una canción que destaque en las primeras escuchas, sino más bien de esas que necesitan reposar para ser apreciadas. Probablemente sea también una de las que en directo ganen puntos y puedan colocarse entre las mejores gracias al despliegue de habilidades técnicas de todos sus integrantes.

    Para acabar la escucha me remito a “Laberinto”, que comienza con teclados y un sonido contundente en el que el bajista Juanba Nadal aporta los cimientos de un gran tema. La canción que da nombre al trabajo es la más épica, muy en la línea de DRAGONFLY, dando exactamente lo que cualquier fan estaba esperando desde hace tanto tiempo. Es el tema que abre el disco, con un power metal clásico, una letra trabajada y una melodía que atrapa el espíritu. Colocada en primera posición, probablemente pretendían poner la tarjeta de presentación por delante, mostrando todos los elementos que hacen de esta banda una de las imprescindibles del metal español. Sin embargo, al haberla escuchado como final, para mí el disco ha ido de menos a más, dejándome con el temor de que tengamos que esperar de nuevo varios años para poder disfrutar de material nuevo de DRAGONFLY.

    Confiemos en que no tarden tanto la próxima vez. Entre tanto, tendremos la oportunidad de verlos sobre los escenarios. Las fechas confirmadas a día de hoy para verlos en directo durante su gira latinoamericana son las siguientes:

    Puedes ver el vídeo oficial de “Laberinto” a continuación.

    Estrella U.M.
    Apasionada por el heavy metal. Escribe desde la escucha y el calor del directo. Periodista "invitada" a HM.

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