Durante una reciente entrevista en el Mystic Festival de Polonia, Kisser dejó entrever que su retiro de los escenarios con Sepultura no significa un alejamiento del arte ni una desvinculación del metal. Al contrario: tras décadas sin detenerse, incluso durante la pandemia, el guitarrista brasileño ve este momento como una oportunidad para explorar nuevas rutas. “Nunca paramos, ni siquiera en el confinamiento”, recordó, para luego explicar que ahora se trata de “salir de la zona de confort”, dejar atrás la presión constante de producir discos y giras, y permitirse una respiración artística distinta. No es una rendición, sino un desplazamiento de energía.
Cuando Sepultura anunció en 2023 que emprendería una gira de despedida que se extenderá hasta 2026, la noticia no solo marcó el cierre de un capítulo fundamental en la historia del metal latinoamericano, sino también el inicio de una transición creativa para sus miembros, especialmente para Andreas Kisser.
Entre sus planes inmediatos figuran múltiples proyectos que ya se gestaban en paralelo a Sepultura. Kisser ha liderado por años De La Tierra, una banda con miembros de distintas escenas latinoamericanas, y conduce desde hace más de una década un programa radial en São Paulo junto a su hijo. Estos espacios, en apariencia menores frente a la magnitud de Sepultura, podrían volverse centrales en esta nueva etapa. Además, el guitarrista planea finalmente concretar una serie de lecciones en video donde abordará su estilo, el legado musical de la banda y su vínculo con la guitarra acústica —una faceta menos expuesta pero profundamente significativa para él.
La amplitud de sus intereses no se detiene ahí. Abierto a colaboraciones, menciona la posibilidad de desarrollar un proyecto de reggae con Derrick Green, vocalista de Sepultura desde 1998, lo que sugiere que la disolución de la banda no implica un cierre definitivo entre sus integrantes. En lugar de organizar un futuro rígido, Kisser parece preferir un enfoque modular: mantener puertas abiertas, iniciar conversaciones, responder al impulso creativo con libertad más que con estrategias. Ese tipo de mentalidad —poco común entre músicos de su trayectoria— es la que ha guiado a Sepultura en sus etapas más audaces.
Al hablar de muerte y transformación, Kisser no se refiere únicamente al cierre de una banda. La pérdida de su esposa, a causa del cáncer, se convirtió en un punto de inflexión que reconfiguró su manera de estar en el mundo. “Morir ha sido mi mayor maestro”, confesó, y es desde ese lugar que toma sentido la despedida de Sepultura: como un gesto de gratitud, pero también como una aceptación del cambio como motor vital. Mientras el grupo registra un álbum en vivo y se despide en ciudades que jamás habían pisado, Kisser observa el horizonte con los pies en la tierra y las manos aún sobre la guitarra.

