viernes, marzo 6, 2026
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    Ésta fue la potente banda que mantuvo vivo al metal en los 90

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    Cuando el metal parecía perder el rumbo en los años 90, aplastado por el auge del grunge y el pop azucarado que inundaba las radios, un cuarteto de Texas se plantó firme. Pantera no solo sobrevivió a esa década tumultuosa; la atravesaron como un bulldozer, dejando un surco profundo que todavía resuena en los amplificadores de quienes se niegan a bajar la cabeza.

    Este artículo no busca endiosarlos ni ponerles una corona que no pidieron. Más bien, disecciona por qué, entre tantas bandas que pudieron haberse alzado como estandarte, fueron ellos —Dimebag Darrell, Vinnie Paul, Phil Anselmo y Rex Brown— los que cargaron con el peso del género en un momento en que muchos lo daban por muerto.

    El contexto: un género en la cuerda floja

    A finales de los 80, el metal vivía una paradoja. El hair metal, con sus riffs pegajosos y sus melenas al viento, dominaba MTV, pero empezaba a agotarse como fórmula. Al mismo tiempo, el thrash había alcanzado su pico con discos como Master of Puppets de Metallica o Reign in Blood de Slayer, pero su intensidad empezaba a alienar a las masas. Luego llegó 1991, y con él, el Nevermind de Nirvana. El grunge no solo desplazó al metal del foco; lo hizo parecer anticuado, como un dinosaurio que no supo adaptarse. Las ventas de discos de bandas clásicas se desplomaron, y las disqueras, siempre oliendo el dinero, giraron hacia Seattle. En ese caos, el metal necesitaba algo que lo sacara del pantano, algo que no fuera ni nostalgia ni concesión. Ahí entra Pantera.

    Elegir este tema no es capricho ni casualidad. Pantera no fue la banda más vendida de los 90 —Metallica se llevaba ese trofeo, incluso con el giro raro de Load—, ni la más innovadora en un sentido técnico, como могли haberlo sido Meshuggah o Cynic. Pero sí fueron los que mejor entendieron que el metal no necesitaba reinventarse para sobrevivir: necesitaba ser más crudo, más directo, más ellos mismos. Su sonido, una mezcla de groove, thrash y una dosis de mala leche sureña, no buscaba complacer a nadie. Y justo por eso conectó.

    El golpe inicial: Cowboys from Hell

    Pantera no nació en los 90 como los titanes que conocemos. En los 80 eran una banda de glam metal decente pero olvidable, con discos como Power Metal (1988) que apenas hacían ruido. Todo cambió con Cowboys from Hell (1990, Atco Records). Ese álbum fue un puñetazo en la mesa. Temas como “Primal Concrete Sledge” o la propia “Cowboys from Hell” traían riffs que te hacían querer romper algo, pero con un swing que no se parecía a nada del thrash o el heavy tradicional. Dimebag Darrell, con su guitarra afilada como navaja, empezó a mostrar un estilo que no era solo velocidad o virtuosismo vacío; era actitud convertida en notas. Vinnie Paul, detrás de la batería, golpeaba como si quisiera atravesar el suelo. Anselmo, con su voz rasposa, escupía letras que no pedían permiso.

    El disco vendió más de un millón de copias en Estados Unidos (certificado platino por la RIAA en 1997), pero su impacto no se mide solo en números. Fue el manifiesto de una banda que dejaba atrás las lentejuelas y se plantaba en terreno nuevo, sin mirar atrás. Mientras el glam se desmoronaba y el thrash se agotaba, Pantera encontró un punto medio: un metal que podía llenar bares y arenas sin sonar a fórmula gastada.

    La consolidación: Vulgar Display of Power

    Si Cowboys fue el aviso, Vulgar Display of Power (1992, Atco Records) fue la sentencia. Grabado en el estudio de Terry Date en Texas, este disco es el que muchos señalan como el verdadero salvavidas del metal en los 90. “Walk”, con ese riff que te obliga a mover la cabeza aunque no quieras, se convirtió en un himno. “Mouth for War” y “A New Level” eran pura adrenalina, mientras que “This Love” mostraba que podían bajar el tempo sin perder el filo. Las ventas lo respaldan: más de dos millones de copias en EE.UU. (doble platino, RIAA), pero, de nuevo, no es solo cuestión de cifras. Es que este álbum llegó cuando el grunge estaba en su apogeo y dijo: “El metal no se rinde”.

    ¿Por qué Vulgar pegó tan duro? Porque no era una reacción al grunge ni un intento de subirse a esa ola. Pantera no competía con Nirvana o Pearl Jam; los ignoraba. Su música era un rechazo visceral a las tendencias, un recordatorio de que el metal no necesitaba diluirse para seguir vivo. Las giras masivas con bandas como Megadeth o White Zombie lo probaron: sus shows eran caos controlado, con mosh pits que parecían peleas de bar y una energía que ninguna banda de camisas de franela podía replicar.

    La resistencia: el resto de la década

    Los 90 no fueron solo Cowboys y Vulgar. Pantera siguió sacando material que, aunque no siempre alcanzó la misma cima, mantuvo el fuego encendido. Far Beyond Driven (1994) debutó en el número 1 del Billboard 200 —algo rarísimo para un disco tan agresivo—, con temas como “I’m Broken” o “5 Minutes Alone” que mostraban a una banda en su punto más crudo. The Great Southern Trendkill (1996) trajo un sonido aún más oscuro y denso, reflejando las tensiones internas del grupo, pero también su negativa a suavizarse. Incluso Reinventing the Steel (2000), su último trabajo, cerraba la década con un guiño a sus raíces y un desafío a lo que venía.

    No todo fue perfecto. Las peleas internas, el desgaste de las giras y los problemas de Anselmo con las drogas empezaron a minarlos. Pero incluso en sus peores momentos, Pantera nunca se vendió. No hicieron baladas cursis para la radio ni se pasaron al nu-metal cuando Korn y Limp Bizkit dominaban. Se mantuvieron fieles a su sonido, y eso los convirtió en un faro para los que querían metal sin filtros.

    ¿Por qué Pantera y no otra?

    Podríamos hablar de Slayer, que nunca dejó de ser brutal, o de Metallica, que llenaba estadios. Pero Slayer era un nicho extremo, y Metallica, tras el Black Album, empezó a experimentar con cosas que alejaron a muchos fans del metal puro. Pantera, en cambio, encontró un equilibrio: eran pesados, accesibles sin ser comerciales, y tenían una identidad que no se parecía a nadie. No inventaron el groove metal —ese crédito va más atrás, a bandas como Exhorder—, pero lo perfeccionaron y lo llevaron a las masas.

    Su influencia está en los números y en los hechos. Según datos de SoundScan (reportados por Billboard), sus discos principales siguieron vendiendo fuerte durante toda la década. Bandas posteriores, desde Lamb of God hasta Slipknot, han citado a Pantera como una chispa clave. Y en los 90, cuando el metal pudo haber quedado como reliquia, ellos lo mantuvieron en la conversación.

    Pantera no salvó al metal porque el metal nunca estuvo realmente muerto; lo que hicieron fue recordarle al mundo que seguía teniendo pulso. No eran héroes ni mártires, solo cuatro tipos de Texas que tocaron lo que querían, como querían. El 8 de diciembre de 2004, con el asesinato de Dimebag Darrell en un concierto, se cerró su capítulo, pero lo que dejaron sigue sonando.

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    Yussel Barrera
    Jefe de información de Heavy Mextal/ Músico semiretirado de la escena under de Iztapalapa; dejé la guitarra para tomar la pluma y trazar historias en lugar de un solo./ Contacto: yussel@heavymextal.com/ Facebook: https://www.facebook.com/tizzn

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