La escena oscura mexicana está por presenciar uno de sus momentos más significativos: Hueco, una de las bandas fundacionales del rock gótico en el país, celebrará su 30º aniversario con un concierto especial este sábado 6 de diciembre en el Dada X Club, en la Roma Norte. El emblemático foro, que ha acompañado a la agrupación desde sus primeras presentaciones, será el escenario donde la banda revisitará íntegramente su álbum debut Hueco (1997), producido por el fallecido Rogelio Gómez, figura clave en sus primeros años.
A lo largo de tres décadas, Hueco ha construido un legado sólido en el rock de atmósferas con siete álbumes de estudio, desde su obra homónima hasta Canciones de Oscuridad y Desaliento (2022). Su discografía es una crónica viva del gótico mexicano, marcada por títulos esenciales como Invierno (1999), Medusa o De los Amores Terribles (2011) y La Negra Voz de Dios (2017). Desde mediados de los años noventa, la agrupación —hoy integrada por José Hernández Riwes Cruz “The Hollow Kid”, Javier Coss y Rubén Olvera— ha sido un puente entre generaciones y estilos dentro de la cultura oscura nacional.
Para José Hernández Riwes, hablar de la escena oscura hoy implica mirar hacia varias generaciones que conviven y se transforman en conjunto.
“Falta ver qué va a ocurrir con los jóvenes que tienen ahora 20 años”, comenta. “La generación post-bomb ya tiene 30. Estamos atentos a lo que vaya a surgir con las nuevas propuestas”.
Pese a los cambios propios del tiempo, asegura que la escena se mantiene sorprendentemente saludable: cinco foros consolidados en la Ciudad de México, editoriales, diseñadores, artistas plásticos, escritores y una comunidad diversa que cruza distintas guardias creativas. “En 2011 se develó el mural de la vieja guardia, donde estábamos nosotros. Hace 14 años ya éramos la vieja guardia… Ya ni quieren saber qué somos ahora”, bromea.
Pero más allá de las etiquetas, reconoce que hoy conviven quienes surgieron en los noventa, en los dos mil y en los dos mil diez. Con la década avanzando, considera que es cuestión de tiempo para que aparezca una nueva oleada gótica que marque el rumbo de lo que viene. Dentro de estas propuestas destaca a La bande-son Imaginaire, banda emergente que considera relevante por su trabajo orgánico y crecimiento reciente.
Comparar los años noventa con el 2025 es observar universos distintos. Antes, la experiencia musical estaba ligada a formatos físicos; hoy, a pantallas y suscripciones. Sin embargo, el músico ve un resurgimiento interesante:
“Los chavos ya se dieron cuenta de que tener una suscripción no significa poseer nada. Están regresando a descargar, a guardar su material. Ojalá también descubran el valor de un vinil, un CD, un empaque que extiende el mensaje”.
Esa filosofía explica por qué el disco más reciente de Hueco se editó en formato LP, con once canciones que forman una sola idea. “Para nosotros, un álbum completo sigue siendo la mejor manera de decir algo. Tres minutos no sostienen todas las capas que queremos expresar”.
Uno de los temas inevitables en la música actual es la omnipresencia del celular en los conciertos. Para Riwes, es un fenómeno con dos caras:
“Hoy una fotografía es solo evidencia de que alguien estuvo ahí. Para nuestra generación era un evento. Pero no puedes imponer nada”.
Aunque preferirían que el público viviera la experiencia directamente, reconoce que el registro audiovisual ha permitido reconstruir buena parte de la historia reciente de la escena.
“Afortunadamente ya puedes rastrear en la red qué ocurría hace 15 años. Eso ayuda a generar archivo y memoria para quienes quieran entender qué ha pasado en estos primeros 30 años del siglo”.
El aniversario también es un espacio para honrar a quienes ya no están. Entre ellos, Rogelio Gómez, cofundador de Hueco y productor del primer disco.
“Tocar el álbum de 1997 completo es la primera forma de mantener viva su memoria”, afirma Riwes. “Rogelio y yo definimos Hueco punto por punto. Para mí es vital mencionarlo, reconocerlo como el verdadero productor y seguirlo recordando”.
La celebración incluye invitados que compartieron camino con la banda y que representan distintas ramas de la escena rockera mexicana. Es, dice, una manera de agradecer y rendir homenaje a quienes abrieron brecha.
Para Riwes, la música no es solo una profesión: es el centro de su vida.
“El rock me abrió la puerta a la literatura, el cine, la moda, los cómics… a un universo mucho más grande. No escucho de todo; escucho lo que me alimenta: rock, jazz, clásica, pop de distintas partes del mundo. La música —cierto tipo de música— es el enlace hacia un mundo más amplio”.


