En el gélido norte de Finlandia, donde los bosques susurran y las noches parecen eternas, surgió en 1989 una de las fuerzas más crudas y transgresoras del black metal: Beherit. Formada en Rovaniemi por Marko Laiho (Nuclear Holocausto Vengeance), Jari Vaarala (Demonic Fornication) y Jari Pirinen (Sodomatic Slaughter), la banda se propuso desde sus inicios conjurar un sonido que no solo desafiara las convenciones del metal, sino que evocara un abismo de caos, satanismo y visceralidad. Su nombre, tomado de la palabra siríaca para “Satanás”, no fue una casualidad, sino una declaración de intenciones que marcó su trayectoria. En un contexto donde el black metal comenzaba a definirse como género, Beherit no solo contribuyó a su evolución, sino que se convirtió en un pilar de la escena finlandesa, enfrentándose incluso a la hegemonía noruega en la llamada “Guerra Oscura”. Este artículo explora la génesis, los altibajos y la reinvención de una banda que, con un puñado de discos y una actitud inflexible, redefinió los límites de la música extrema.
La historia de Beherit comienza en una Finlandia que, a finales de los 80, era un terreno fértil para la experimentación musical, pero aún carecía de una escena black metal consolidada. Inspirados por pioneros como Venom, Bathory y el thrash sudamericano de Sarcófago, Laiho y sus compañeros buscaron un sonido que destilara lo más primitivo del metal extremo. Sus primeros demos de 1990, como Seventh Blasphemy y Demonomancy, eran ejercicios de brutalidad minimalista: guitarras afiladas como alambre de púas, baterías que parecían colapsar bajo su propia furia y una voz que evocaba un ritual en las entrañas de la tierra. Estos trabajos, grabados con recursos precarios, capturaron la atención del circuito underground por su autenticidad y su rechazo a cualquier pulcritud comercial. La banda, además, se distinguía en vivo con puestas en escena que incluían cabezas de animales, reforzando su aura de culto entre los iniciados del género.
En 1991, Beherit enfrentó un momento definitorio con el lanzamiento de The Oath of Black Blood. Este álbum, aunque considerado un clásico hoy, no fue un trabajo planeado como tal. Turbo Music, su sello en ese momento, les proporcionó fondos para grabar un disco, pero los rumores aseguran que el dinero se gastó en alcohol. En respuesta, la discográfica compiló el demo Demonomancy y el EP Dawn of Satan’s Millennium sin el consentimiento de la banda, publicándolos bajo el título que originalmente estaba destinado a un nuevo proyecto. Laiho, en una entrevista de 1992 para Metal Hammer, expresó su desprecio por el resultado: “Odio el disco. Es pésimo, nunca quisimos lanzarlo”. A pesar de esta controversia, The Oath of Black Blood se convirtió en un referente del black metal primigenio, con canciones como “The Gate of Nanna” que combinaban la ferocidad del death metal con una atmósfera opresiva y ritualista.
El punto de inflexión para Beherit llegó en 1993 con Drawing Down the Moon, grabado entre abril y agosto de 1992. Este disco, nombrado en referencia a un ritual wiccano, marcó un giro hacia un enfoque más experimental. A diferencia de la velocidad desenfrenada de sus primeros trabajos, aquí la banda ralentizó los tempos, incorporando susurros, efectos electrónicos y sintetizadores que creaban una atmósfera hipnótica, casi cinematográfica. Canciones como “Salomon’s Gate” o “Werewolf, Semen and Blood” no solo desafiaron las expectativas de los puristas del black metal, sino que expandieron el género hacia territorios más introspectivos y esotéricos. Drawing Down the Moon es hoy un pilar del black metal atmosférico, reeditado por sellos como Spinefarm y Candlelight, y su influencia resuena en bandas que buscan fusionar lo crudo con lo etéreo.
Sin embargo, el camino de Beherit no estuvo exento de turbulencias. En 1991, bajo el nombre temporal de The Lord Diabolus, grabaron un demo que, aunque breve, mostró su disposición a explorar alias y conceptos alternativos. Tras Drawing Down the Moon, la banda se disolvió temporalmente en 1994, cuando Laiho, desencantado con el metal, viró hacia la música electrónica. Bajo el seudónimo de DJ Gamma-G, experimentó con techno, mientras que sus discos *H418ov21.C* (1994) y Electric Doom Synthesis (1996) exploraron el dark ambient, alienando a muchos fans tradicionales, pero ganando el respeto de quienes valoraban su audacia. Estos trabajos, aunque divisivos, reflejaron la inquietud creativa de Laiho, quien nunca se conformó con encajar en un molde.
La resurrección de Beherit en 2008 marcó un retorno a sus raíces, pero con una perspectiva renovada. Con Laiho y Pirinen acompañados por nuevos miembros como Ancient Corpse Desekrator y Abyss, la banda lanzó Engram en 2009, un disco que recuperó la agresividad de sus inicios, pero con una producción más refinada y un enfoque en riffs repetitivos y expansivos. Este regreso no fue un ejercicio nostálgico, sino una reafirmación de su relevancia en un género que había evolucionado en su ausencia. En 2020, Bardo Exist sorprendió al combinar black metal con elementos electrónicos, mostrando que, incluso tres décadas después, Beherit seguía desafiando las normas.
La banda también dejó su marca en la rivalidad entre las escenas finlandesa y noruega durante los 90, un episodio conocido como la “Guerra Oscura”. Según la revista Isten, el conflicto comenzó con malentendidos y bromas pesadas, muchas atribuidas a Laiho. Por ejemplo, se dice que envió una carta a Euronymous de Mayhem insultándolo y dejando la dirección de otra banda finlandesa, Black Crucifixion, como remitente. Mika Luttinen de Impaled Nazarene, por su parte, afirmó haber recibido amenazas de muerte en noruego, lo que llevó a incluir en el debut de su banda la frase “no se aceptan pedidos de Noruega”. Aunque Luttinen más tarde calificó esta reacción como “infantil”, estas tensiones subrayaron la feroz identidad de la escena finlandesa, con Beherit como uno de sus estandartes.
En 2024, Beherit volvió a los escenarios tras 32 años de ausencia, tocando en el festival Rites of North en Oulu, Finlandia, y anunciando presentaciones en Japón para el NWN/Hospital Fest. Además, su gira latinoamericana de 2025, con fechas confirmadas como el 17 de mayo en el Foro Indie Rocks de Ciudad de México, promete llevar su legado a nuevos públicos. Estos conciertos, organizados por Eyescream Productions, no solo celebran la longevidad de la banda, sino que reafirman su estatus como una fuerza viva en el black metal, capaz de conjurar la misma intensidad que hace tres décadas.


