En Colossal, lanzado el 15 de agosto de 2025 por Century Media Records, los daneses Baest entregan su cuarto álbum de estudio, un trabajo que marca un punto de inflexión en su carrera. Desde su debut en 2015 en Aarhus, Dinamarca, Baest ha construido una trayectoria sólida en el death metal, evolucionando desde la crudeza de Danse Macabre (2018) hasta la ambición melódica de Colossal. Producido por Tue Madsen en Antfarm Studio, este disco de 42 minutos y nueve canciones fusiona el death metal con elementos de heavy metal y death ‘n’ roll, mostrando a una banda que busca definirse sin perder sus raíces.
Baest comenzó con Danse Macabre, un debut que rendía homenaje al death metal sueco, con claras influencias de Entombed y Dismember. Su segundo álbum, Venenum (2019), refinó esa fórmula, incorporando grooves que recordaban a Morbid Angel. Con Necro Sapiens (2021), la banda empezó a explorar melodías más accesibles, consolidándose como un nombre relevante en el death metal europeo. Formada por Simon Olsen (voz), Svend Karlsson y Lasse Revsbech (guitarras), Mattias Melchiorsen (bajo) y Sebastian Abildsten (batería), Baest llega a este álbum con una década de experiencia, buscando un equilibrio entre la ferocidad de sus inicios y una nueva identidad más amplia.
Colossal es un ejercicio de equilibrio entre la agresión del death metal y la accesibilidad del heavy metal clásico. La producción de Tue Madsen es nítida, con cada instrumento definido: las guitarras de Karlsson y Revsbech alternan entre riffs pesados en afinaciones bajas y melodías inspiradas en Iron Maiden; el bajo de Melchiorsen refuerza la base rítmica con líneas robustas; y la batería de Abildsten combina blast beats con patrones de rock que dan al álbum un groove distintivo. La voz de Simon Olsen, aunque sigue siendo gutural, ha ganado claridad, permitiendo que las letras, centradas en temas de mitología, conflicto y decadencia, tengan mayor impacto.
El álbum se estructura como una narrativa cohesiva, con un arco que va desde la intensidad inicial hasta un cierre introspectivo. La influencia del death ‘n’ roll, heredada de bandas como Entombed y Gorefest, es evidente en el uso de riffs con swing y estribillos que invitan al público a corear. Las colaboraciones con Jesper Binzer de D-A-D en King Of The Sun y con ORM en Misfortunate Son añaden matices: la primera aporta un aire de heavy rock, con un estribillo que recuerda a Ozzy Osbourne, mientras que la segunda introduce armonías vocales que enriquecen la atmósfera.
Colossal destaca por su cohesión. A diferencia de Venenum, que a veces se sentía fragmentado, este álbum fluye como una unidad, con transiciones que mantienen el ímpetu. Stormbringer, la pista inicial, establece el tono con un riff que combina la pesadez del death metal con un groove rockero, evocando el espíritu de Wolverine Blues de Entombed. La canción es un ejemplo de cómo Baest ha aprendido a estructurar temas que funcionan tanto en un contexto de estudio como en un escenario en vivo.
La producción de Madsen es un acierto técnico: las guitarras tienen un crunch definido, con un tono que balancea la distorsión moderna con la calidez del heavy metal clásico. La batería, grabada con un enfoque orgánico, evita el exceso de triggers, lo que da al álbum una sensación más humana que, por ejemplo, Necro Sapiens. Temas como Imp Of The Perverse muestran esta madurez, con una estructura progresiva que alterna riffs melódicos en escalas menores con breakdowns que recuerdan a Carcass. Depraved World, el cierre, es otro punto alto: sus seis minutos combinan pasajes épicos con un solo de guitarra que remite a los años 80, demostrando que Baest puede extenderse sin perder foco.
A pesar de sus méritos, Colossal no está exento de críticas. El principal reproche es su dependencia de las convenciones del death metal clásico. Aunque Baest incorpora elementos melódicos, el álbum no rompe con las estructuras establecidas por bandas como Entombed o Morbid Angel. Esto hace que, en momentos como Light The Beacons, el intento de crear un interludio atmosférico resulte plano, careciendo de la profundidad emocional que busca.
Otro punto débil es la inconsistencia en la integración de su faceta melódica. Mientras que King Of The Sun logra un equilibrio entre el death metal y el heavy rock, otros temas, como In Loathe And Love, parecen vacilar entre ambos mundos, con estribillos que no alcanzan la fuerza de los riffs principales. Esto refleja un desafío en la evolución de Baest: aunque han ampliado su paleta sonora, aún están puliendo la fusión de sus influencias. Para los puristas del death metal, esta accesibilidad puede percibirse como una dilución de la intensidad que definió Danse Macabre.
Colossal no es una revolución, pero sí un paso significativo en la trayectoria de Baest. Comparado con Danse Macabre, que era un homenaje directo al death metal sueco, este álbum muestra una banda más confiada, dispuesta a tomar riesgos. La influencia de su gira con D-A-D es clara: Colossal tiene un enfoque más orientado al directo, con estructuras pensadas para enganchar al público. Sin embargo, a diferencia de Necro Sapiens, que se apoyaba en la brutalidad técnica, este disco prioriza la memorabilidad, lo que lo hace más accesible pero menos innovador.
En el contexto del death metal moderno, Colossal se sitúa junto a bandas como Bloodbath o Gatecreeper, que también han explorado la fusión de death metal con elementos melódicos. Sin embargo, Baest se distingue por su reverencia al heavy metal clásico, un rasgo que los alinea más con el death ‘n’ roll de los 90 que con el death metal técnico contemporáneo. Esta dualidad es tanto su fortaleza como su limitación: el álbum brilla cuando abraza esta identidad híbrida, pero tropieza cuando no logra integrar sus influencias con la misma convicción.
Nota final: 7.8/10. Un disco que impresiona por su ambición y ejecución, pero que se queda a medio camino de ser un hito en el death metal.

