jueves, abril 30, 2026
More
    InicioCrónicasTormenta de acero y blasfemia: Destruyendo México 2025 (Crónica)

    Tormenta de acero y blasfemia: Destruyendo México 2025 (Crónica)

    Publicado:

    El pasado 27 de septiembre, el poniente de la Ciudad de México se convirtió en un campo de batalla sónica donde el metal extremo reinó sin piedad. La Ex-Fábrica de Harinas, un rincón industrial rescatado al borde de Tacuba y el colosal Parque Bicentenario, fue el epicentro de esta masacre auditiva. Este lugar, que de día es un mosaico de grafitis vibrantes, un imán para selfies y un refugio de tiendas indie, cafeterías y un museo de videojuegos, se transformó al caer la noche en un santuario del underground. Organizado por Last Nightmare y Nuclear War Now, el festival Destruyendo México desató una tormenta de riffs, blast beats y gritos guturales que hicieron temblar los cimientos de este espacio, ahora consagrado al arte callejero y al metal más crudo.

    El cartel era una declaración de guerra: Beherit, los finlandeses pioneros del black metal más crudo y esotérico; Cenotaph, titanes del death metal mexicano con un legado técnico y visceral; Mortuary, desde Monterrey, una institución del death metal nacional; Communion, los chilenos que traen una mezcla letal de black y death metal sudamericano; Unholier, otra leyenda regiomontana comandada por el mítico Zolrak; y Necrofier, los texanos que están redefiniendo el black metal estadunidense con su crudeza melódica. Cada banda era una promesa de destrucción, y el público, una horda sedienta de caos, estaba lista para ser arrasada.

    El diluvio y el rugido inicial

    La cita estaba pactada para las 5:30 de la tarde, pero la Ciudad de México, siempre impredecible, tenía otros planes. Minutos antes de que el primer acorde resonara, un aguacero bíblico se desató, como si los dioses quisieran probar la lealtad de los metaleros. Calles anegadas, caos en el oriente de la ciudad y un retraso de alrededor de una hora fueron el precio a pagar. Pero en la Ex-Fábrica, el agua no apagó el fuego. Mientras el personal del recinto corría a instalar una carpa improvisada para resguardar a la masa que seguía llegando, los texanos de Necrofier subieron al escenario para abrir las hostilidades. Su black metal con tintes melódicos pero afilado como una guillotina cortó el aire empapado. Canciones resonaron con una furia que desafió la lluvia, marcando el tono de una noche que prometía ser inolvidable.

    Con el escenario aún húmedo y el ambiente cargado de electricidad, llegó el turno de Communion, los chilenos que han conquistado el under sudamericano con su mezcla de black y death metal. Su entrada fue como un ritual oscuro: bajo una manta con su logo —la única banda que trajo una, detalle que se convirtió en un telón de fondo icónico para el resto del festival—, desataron una avalancha de riffs densos y blast beats implacables. Su sonido, crudo y atmosférico, evocaba imágenes de templos en ruinas y sacrificios paganos, mientras el vocalista, Spirit of Death, escupía letras que parecían conjuros. La lluvia, que seguía cayendo, se convirtió en un aliado, añadiendo un dramatismo casi cinematográfico a su actuación. Los asistentes, ya con los pies hundidos en charcos, no podían dejar de agitar cabezas y empujarse en los primeros moshpits de la noche.

    El relevo lo tomó Unholier, una institución del metal extremo mexicano que lleva tres décadas destrozando escenarios. Liderados por Carlos “Zolrak” Montes, un nombre importante en el under nacional, los de Monterrey subieron con la misión de no dejar títere con cabeza. Desde el primer riff, Zolrak, con su bajo atronador y su voz gutural, comandó un asalto sónico que mezclaba la crudeza del death metal con la atmósfera maligna del black. Sus temas resonaron como martillazos en un yunque.

    Si Unholier dejó el escenario humeando, Mortuary llegó para incendiarlo. Otra leyenda regiomontana, esta banda es sinónimo de death metal mexicano en su forma más pura y brutal. Con una trayectoria que abarca décadas, Mortuary no dio respiro. Cada riff era una cuchilla, cada redoble de batería un disparo. Su set, cargado de clásicos del álbum fundamental como el Blackened Images, fue una masterclass de cómo se hace death metal: técnico, visceral y sin concesiones. El público, ya empapado hasta los huesos, respondió con una energía que rozaba lo primal. Los moshpits se volvieron más violentos, las cabezas no paraban de agitarse, y la lluvia, que seguía cayendo, parecía ser el combustible de esta carnicería sonora. Mortuary demostró por qué son una de las bandas más respetadas del género en México: no tocan, destruyen.

    El turno de Cenotaph, pioneros del death metal mexicano, fue uno de los momentos más esperados de la noche. Tras un regreso triunfal a los escenarios, esta banda capitalina no decepcionó. Su sonido, una mezcla de técnica quirúrgica y ferocidad pura, es como un bisturí que corta con precisión pero deja heridas profundas. Sus temas resonaron con una intensidad que hizo temblar el suelo de la Ex-Fábrica. Desde la batería, su fundador Óscar Clorio, lideró un ataque que combinaba la crudeza del death metal old school con un toque de elegancia macabra. El público, en éxtasis, formó un moshpit que parecía un vórtice, mientras los gritos de apoyo se mezclaban con los rugidos de Corchado. Cenotaph no solo tocó, sino que celebró su legado, dejando claro que siguen siendo una mounstruo del metal extremo mexicano.

    Beherit: El ritual final

    La medianoche se acercaba, y con ella, el momento que todos esperaban: Beherit. Los finlandeses, liderados por el enigmático Nuclear Holocausto Vengeance, son una leyenda viva del black metal. Su primera visita a México, meses atrás, había sido un evento histórico, y esta segunda incursión no fue menos épica, aunque no exenta de drama. Horas antes del festival, una error de Aeroméxico dejó a la banda varada en Estados Unidos por sobreventa de boletos. La producción, con reflejos felinos, logró ponerlos en otro vuelo, y Beherit llegó justo a tiempo para desatar el infierno.

    Cuando subieron al escenario, tras largos minutos de espera en lo que conectaban y probaban su equipo, envueltos en luces azules y un humo tenue que apenas permitía distinguir sus siluetas, el aire se cargó de una energía mística. Beherit no es una banda, es un ritual. Su set fue una descarga de black metal primitivo, crudo y devastador. Canciones clásicas resonaron como himnos de un culto olvidado, con riffs que cortaban como navajas y una atmósfera que parecía invocar fuerzas de otro mundo. Nuclear Holocausto Vengeance, con su voz inhumana, lideró esta ceremonia de caos, mientras el público, exhausto pero hipnotizado, se entregaba por completo. La prohibición de fotos y videos, impuesta por la banda, añadió un aura de misterio, como si estuviéramos presenciando algo prohibido. Sin embargo, el set pareció truncado —la ausencia de Pagan Moon, un himno esperado por todos, dejó un sabor agridulce—. Aún así, cada segundo de su actuación fue una puñalada al alma, un recordatorio de por qué Beherit sigue siendo un nombre sagrado en el black metal.

    El saldo de la batalla

    Destruyendo México fue una experiencia de resistencia y devoción. La lluvia, los retrasos y los contratiempos no hicieron más que añadir carácter a una noche que ya forma parte de la mitología del metal mexicano. La Ex-Fábrica, con sus grafitis y su vibra underground, fue el escenario perfecto para esta comunión de almas oscuras. Desde la ferocidad melódica de Necrofier hasta la mística brutalidad de Beherit, cada banda dejó su algo en una audiencia que no se rindió ante el diluvio ni el cansancio. Los organizadores, Last Nightmare y Nuclear War Now, junto con CVLT Metal Magazine, entregaron un debut inolvidable, a pesar de pequeños tropiezos como no prever la carpa o el caos en el aeropuerto. Destruyendo México no solo cumplió, sino que alzó un estandarte para el metal extremo en el país. Que vengan más ediciones, más caos, más destrucción.

    spot_img
    Braulio Carbajal
    CEO-Editor de Heavy Mextal/ Periodista de economía, pero con alma de metal. "If there's a new way, i'll be the first in line..."/ Contacto: [email protected] o [email protected]/

    Artículos relacionados

    Artículos recientes