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    Pink Bubbles Go Ape cumple 35 años: el disco más incomprendido de Helloween

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    Por Hugo Piña //

    Un día como hoy, 11 de marzo de 1991, Helloween publicó Pink Bubbles Go Ape, su cuarto álbum de estudio y el primero sin el guitarrista y cofundador Kai Hansen. Treinta y cinco años después, el disco sigue siendo uno de los trabajos más divisivos y debatidos en la historia del power metal: un álbum que llegó en el peor momento posible, con la formación equivocada según muchos fans, y que sin embargo contenía algunas de las composiciones más interesantes de la etapa temprana de la banda.

    El contexto: caos legal, cambio de sello y un guitarrista nuevo

    Para entender Pink Bubbles Go Ape hay que entender el desastre que lo rodeó. Tras los monumentales Keeper of the Seven Keys, Part I (1987) y Part II (1988), Helloween estaba en la cima del power metal europeo. Pero la relación con Noise Records se deterioró hasta el punto de ruptura, y la banda se vio envuelta en una disputa legal que la paralizó durante casi tres años. En medio de ese limbo, Kai Hansen — guitarrista fundador, vocalista original y compositor de himnos como “I Want Out” y “Eagle Fly Free” — decidió abandonar la banda para fundar Gamma Ray.

    Su reemplazo fue Roland Grapow, un guitarrista melódico y técnicamente solvente que aportaba una sensibilidad distinta. La banda firmó con EMI Records, dejando atrás a Noise, y entró a los PUK Studios de Gjerlev, Dinamarca, con el productor Chris Tsangarides — veterano del metal británico con créditos en Judas Priest, Thin Lizzy y Tygers of Pan Tang — al frente de las sesiones.

    Un disco que no sonaba a lo que se esperaba

    Lo que salió de esas sesiones desconcertó a una base de fans que llevaba tres años esperando la continuación natural de los Keepers. Pink Bubbles Go Ape no era eso. Era un disco más suave, menos épico, con una vena humorística que resultaba desconcertante en el contexto del power metal. La portada, diseñada por el legendario Storm Thorgerson de Hipgnosis — el mismo colectivo responsable de las icónicas portadas de Pink Floyd — mostraba a una mujer besando un pez en un corredor surrealista, una imagen que no podía estar más lejos de la estética fantástica de calabazas sonrientes de los álbumes anteriores.

    “Kids of the Century” abrió el disco con fuerza y se convirtió en el sencillo más exitoso, alcanzando el puesto 56 en el chart británico. Es una canción que conserva la energía del power metal clásico de Helloween pero con un estribillo más accesible y una producción que miraba hacia el hard rock. “Back on the Streets”, primera composición de Grapow para la banda, demostró que el nuevo guitarrista podía integrarse sin fricciones al sonido del grupo. “Someone’s Crying” y “The Chance”, también de Grapow, fueron dos de las mejores composiciones del disco, mostrando una sensibilidad melódica que complementaba bien el registro vocal de Michael Kiske.

    Pero también estaba “Heavy Metal Hamsters”, una canción supuestamente escrita como burla a Noise Records que, según Michael Weikath, nunca debió estar en el álbum sino como lado B de un sencillo. Y “Number One”, un tema mid-tempo de hard rock que sonaba más a Scorpions tardíos que a la banda que había compuesto “Eagle Fly Free”. El tono general del disco oscilaba entre la ambición experimental y una ligereza que muchos fans interpretaron como falta de dirección.

    Problemas internos y una producción polémica

    Detrás de las canciones, las tensiones eran considerables. Weikath culpó públicamente a Tsangarides de haber permitido que las sesiones fueran dominadas por Kiske y el baterista Ingo Schwichtenberg, relegando sus composiciones. La producción del álbum costó cerca de 400,000 libras, una cifra desmesurada para la época. Kiske admitió años después que no había inspiración durante las grabaciones, que se gastó una fortuna en un estudio en Dinamarca sin una dirección creativa clara.

    Después de la publicación del disco, la demanda de Noise Records impidió que Helloween saliera de gira durante un año entero. Cuando finalmente pudieron tocar en vivo, en la primavera de 1992, el impulso del álbum se había disipado. En Alemania, el disco ni siquiera se publicó hasta un año después de su lanzamiento europeo debido a los problemas legales con el sello anterior.

    Reevaluación con el tiempo

    Con la distancia de tres décadas y media, Pink Bubbles Go Ape se ha beneficiado de una reevaluación más generosa. No es un gran disco de power metal — ni pretendía serlo. Es un álbum de transición, el documento de una banda que intentaba reinventarse tras perder a un miembro fundamental, mientras lidiaba con presiones legales, un cambio de sello y un clima musical que empezaba a volverse hostil para el metal melódico. En noviembre de 1991, “Smells Like Teen Spirit” cambiaría las reglas del juego para siempre.

    Lo que Pink Bubbles Go Ape sí demostró es que Helloween podía existir sin Kai Hansen, que Roland Grapow era un compositor capaz, y que Michael Kiske seguía siendo una de las voces más extraordinarias del metal. El camino que abrió este disco llevaría directamente a Chameleon (1993), el álbum que terminó de fracturar a la banda y precipitó la salida de Kiske y la trágica muerte de Schwichtenberg. Pero esa es otra historia.

    Treinta y cinco años después, Helloween celebra el aniversario desde una posición impensable en 1991: con Hansen y Kiske de vuelta en la formación, un álbum reunión homónimo aclamado en 2021, un nuevo disco en camino (Giants & Monsters, previsto para agosto de 2025), y una gira que pasará por la Arena CDMX el 29 de agosto de 2026. La banda sobrevivió a Pink Bubbles Go Ape. Y al final, quizá eso sea lo más importante que el disco demostró.


    HelloweenPink Bubbles Go Ape

    Publicado: 11 de marzo de 1991 (EMI Records)

    Grabado en: PUK Studios, Gjerlev, Dinamarca

    Producción: Chris Tsangarides

    Portada: Storm Thorgerson (Hipgnosis)

    Formación: Michael Kiske (voz) | Michael Weikath (guitarra) | Roland Grapow (guitarra) | Markus Grosskopf (bajo) | Ingo Schwichtenberg (batería)

    Sencillos: “Kids of the Century” (N.º 56 UK) | “Number One”

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