Roger Waters, cofundador y exlíder de Pink Floyd, ha encendido una controversia en el mundo del rock con comentarios despectivos sobre Ozzy Osbourne y Black Sabbath. En una entrevista reciente con The Independent Ink, el bajista no escatimó en críticas hacia el fallecido vocalista y la banda pionera del heavy metal, dejando claro su desinterés por su legado. Las declaraciones han generado revuelo entre los fans y reavivado debates sobre las divisiones entre el rock progresivo y el metal.
Las duras palabras de Waters
En la entrevista, Waters habló de Ozzy Osbourne, quien murió en julio de 2025, con un tono desdeñoso:
“Ozzy Osbourne, que acaba de morir, que Dios lo bendiga en el estado en el que estuvo toda su vida. Nunca lo sabremos. Aunque estuvo en la televisión durante cientos de años con sus tonterías y ridiculeces. La música, no tengo idea. Me importa un carajo.”
Sus críticas no se detuvieron ahí. Al referirse a Black Sabbath, Waters fue igual de contundente:
“No me importa Black Sabbath, nunca me importó. No tengo interés en arrancar cabezas de pollos ni en lo que sea que hagan. Me da completamente igual.”
Estas palabras contrastan con la admiración que millones de fans y músicos profesan por Osbourne y su banda. Black Sabbath, formado en Birmingham en 1968, es considerado un pilar del heavy metal, con álbumes seminales como Paranoid (1970) y Master of Reality (1971). La banda vendió más de 100 millones de discos y definió un género con su sonido oscuro y pesado. Ozzy, conocido como el “Príncipe de las Tinieblas”, también brilló como solista con discos como Blizzard of Ozz (1980), consolidando su lugar en la historia del rock.
El impacto de Black Sabbath
Pese al desdén de Waters, el legado de Black Sabbath es incuestionable. La banda no solo creó el heavy metal, sino que influyó en subgéneros como el doom y el stoner. Su impacto fue reconocido con una inducción al Salón de la Fama del Rock and Roll en 2006, mientras que Ozzy recibió el mismo honor como solista en 2024. Su último álbum, 13 (2013), y la gira de despedida que culminó en 2017 marcaron el cierre de una carrera que transformó la música.
Las declaraciones de Waters reflejan una brecha entre el rock progresivo de Pink Floyd, con su enfoque conceptual y experimental, y el estilo crudo y visceral de Black Sabbath. Para Waters, la estética y el espectáculo de Osbourne, famoso por su actitud provocadora, parecen no tener valor artístico. “No tengo idea” de su música, insistió, dejando claro que nunca conectó con el universo del metal.
Reacciones y divisiones en el rock
Las palabras de Waters han desatado críticas en redes sociales, donde los fans de Ozzy Osbourne y Black Sabbath defienden su legado como fundamental para el rock moderno. Para muchos, el desdén de Waters es una muestra de elitismo o simplemente una cuestión de gustos opuestos. “Me da completamente igual”, repitió Waters sobre la banda, una postura que choca con el respeto que Sabbath inspira en la comunidad del heavy metal.
En el contexto del rock, estas declaraciones destacan las diferencias entre subgéneros. Mientras Pink Floyd exploraba narrativas complejas, Black Sabbath apostó por un sonido directo que resonó con generaciones. Aunque Waters no ve valor en el legado de Osbourne, su influencia sigue viva en millones de fans y músicos que consideran a Sabbath los arquitectos de un género.

