Cuando se piensa en el black metal de los años 90, el imaginario suele estar saturado de riffs abrasivos, voces demoníacas, grabaciones saturadas y polémica cultural. Noruega, Suecia, Finlandia y otros epicentros de la oscuridad musical produjeron álbumes legendarios que definieron el género en términos de agresión, crudeza y satanismo explícito. Sin embargo, no todas las bandas de esa década optaron por la pesadez como eje de su propuesta. Algunas eligieron una estética más atmosférica, melódica o introspectiva, alejándose —consciente o instintivamente— de la brutalidad que marcó la ola más extrema del género.
Este artículo revisa cinco bandas del black metal que, en plena década de los 90, construyeron obras menos pesadas sin traicionar la esencia del género. Agrupaciones que, en lugar de saturar los oídos, buscaron crear mundos envolventes, emocionales, incluso delicados dentro de lo sombrío. Porque el black metal, aunque dominado por el caos, también tiene rincones donde la sombra se vuelve reflexión.
Ulver: la elegancia folclórica de la penumbra
Ulver, originarios de Noruega, iniciaron su trayectoria a mediados de los 90 como una banda que mezclaba black metal con folklore escandinavo. Su trilogía inicial —Bergtatt – Et eeventyr i 5 capitler (1995), Kveldssanger (1996) y Nattens madrigal (1997)— marcó tres aproximaciones diferentes a la oscuridad, y al menos dos de ellas están entre lo menos pesado que se puede encontrar en el black metal de la época.
Bergtatt es una obra delicada, donde los riffs metálicos conviven con pasajes acústicos, voces limpias y atmósferas místicas. El disco evoca paisajes boscosos, mitología nórdica y emociones contenidas. Kveldssanger, incluso, abandona el metal por completo y ofrece un álbum neofolk completamente acústico, centrado en la introspección melódica. Aunque Nattens madrigal vuelve al caos tradicional del black metal, Ulver ya había demostrado que la sensibilidad podía tener lugar en el corazón de la oscuridad.
Su actitud estética —más filosófica que provocadora— y su evolución posterior hacia lo electrónico y lo experimental los convierten en uno de los ejemplos más claros de cómo el black metal puede ser menos pesado, sin perder significado.
Empyrium: poesía melancólica y sonido neoclásico
Aunque Empyrium se asocia a menudo con el doom o el neofolk, sus primeros trabajos están profundamente influenciados por el black metal atmosférico. Su álbum A wintersunset… (1996) combina instrumentación tradicional del metal con pasajes acústicos, teclados envolventes y un enfoque vocal que alterna entre voces guturales suaves y cantos limpios.
La banda, originaria de Alemania, nunca buscó la agresividad. Su sonido se basa en crear paisajes melancólicos, en conectar con la naturaleza, en evocar emociones profundas a través de estructuras musicales lentas y majestuosas. Las letras giran en torno al romanticismo, la tristeza existencial y la contemplación.
Empyrium representa el lado contemplativo del black metal noventero. Aunque sus raíces están más allá del blast beat y la distorsión cruda, su espíritu artístico, su estética lírica y sus elementos oscuros los conectan directamente con el género. Y lo hacen desde una perspectiva menos pesada, más emocional y envolvente.
In the Woods…: progresión sonora desde el bosque
In the Woods…, también noruegos, surgieron como una extensión experimental de lo que venía gestándose en la escena de black metal. Su álbum debut Heart of the Ages (1995) es una obra ambiciosa que se aleja del sonido tradicional noruego y se aproxima a lo progresivo, lo psicodélico y lo atmosférico.
En lugar de riffs veloces y saturados, la banda construye composiciones largas, con pasajes instrumentales extensos, teclados ambientales y cambios de tempo constantes. Las voces alternan entre gritos suaves, coros limpios y narraciones introspectivas. Todo el enfoque del grupo gira en torno a la evolución artística y a la creación de paisajes mentales más que a la agresión directa.
En los años 90, In the Woods… fueron vistos como una rareza. Su estilo no encajaba en los moldes más extremos, pero su actitud y filosofía los mantenían firmemente arraigados al black metal. Es una banda perfecta para quienes buscan profundidad sin violencia sonora.
Borknagar: técnica sin violencia
Borknagar es otra banda que, aunque vinculada al black metal más técnico y filosófico, se destaca por no ser particularmente pesada en su sonido. Formados por miembros provenientes de otras agrupaciones extremas (como Garm, de Ulver), Borknagar desde el inicio propuso una visión más melódica y progresiva del black metal.
Su disco debut Borknagar (1996) y el seguimiento The Olden Domain (1997) muestran riffs afilados, sí, pero también una producción clara, arreglos complejos y una predominancia de teclados atmosféricos. Las letras, lejos del satanismo explícito, exploran la cosmología, la naturaleza, la mitología y la filosofía.
Borknagar representa ese nicho del black metal que se interesa más por la técnica, el concepto y la narrativa que por el choque sonoro. Aunque tienen fuerza instrumental, lo hacen con sofisticación, evitando la pesadez característica de muchas bandas del género.
Sear Bliss: trombones en la negrura
Sear Bliss, banda originaria de Hungría, se destacó a finales de los años 90 por incorporar instrumentos de viento —como trombones y trompetas— a un esquema de black metal atmosférico y melódico. Su álbum debut Phantoms (1996) y el impresionante The Haunting (1998) ofrecen una propuesta sonora envolvente, épica y de ritmo moderado.
La inclusión de instrumentos no tradicionales del metal le otorga a su música una dimensión cinemática, casi ritual. Las voces guturales no son excesivas, los riffs son envolventes más que agresivos, y los teclados ayudan a construir una atmósfera espiritual más que infernal.
Sear Bliss creó un tipo de black metal que suena a marcha ceremonial, a procesión cósmica. Sin necesidad de saturar ni de chocar, transmiten poder emocional desde la solemnidad. Fueron únicos en su enfoque, y por eso ocupan un lugar especial entre los menos pesados del género durante los 90.
Conclusión: el susurro también puede ser oscuro
La década de los 90 será recordada por los incendios de iglesias, las portadas macabras y los álbumes que rompieron los límites del ruido. Pero también hubo quienes, desde el mismo corazón del black metal, decidieron explorar caminos menos pesados, más atmosféricos, melódicos e introspectivos. Bandas como Ulver, Empyrium, In the Woods…, Borknagar y Sear Bliss demostraron que la oscuridad también puede susurrar, que la profundidad emocional no requiere estruendo y que el black metal puede ser muchas cosas, incluso bello.
Estas agrupaciones ofrecieron una alternativa a la furia. Propusieron paisajes sonoros donde el oyente no es agredido, sino invitado a recorrer bosques, ruinas, pensamientos y estrellas. En un género tan amplio como el black metal, estos rincones menos pesados merecen tanto respeto como los más ruidosos.

