Heroína, un cheque de 72 mil dólares y un shuffle imposible de copiar: así construyó Frank Beard medio siglo en ZZ Top.
Frank Beard tocó batería en los 15 discos de estudio de ZZ Top sin faltar a uno solo, desde ZZ Top’s First Album en 1971 hasta La Futura en 2012. En medio siglo de carrera, atravesó una adicción a la heroína que lo llevó a rehabilitación en 1984, sobrevivió a una apendicectomía de emergencia en pleno tour europeo y sostuvo, sin exhibicionismo, el groove que definió a una de las bandas más estables de la historia del rock.
Beard falleció este 18 a los 77 años y este perfil reconstruye lo que ese medio siglo dejó fuera de los titulares de su muerte: quién era Beard antes de ser el tercer nombre de un trío, cómo tocaba y qué significó para Gibbons y Hill compartir escenario con un baterista que nunca dejó de ser, en sus propias palabras, “un buscador de la verdad” en los años equivocados.
El baterista que no quiso ser el centro
Beard fue el único miembro de ZZ Top sin barba, una ironía que la banda explotó durante décadas en entrevistas. Gibbons lo resumió así: la barba de Frank está en su licencia de conducir. Esa broma recurrente reflejaba algo más profundo sobre su lugar en el grupo.
Mientras Gibbons construía el mito del guitar hero texano y Hill cargaba el peso visual del trío, Beard operaba como el elemento funcional. Nunca cantó lead vocal, rara vez concedía entrevistas extensas y evitó sistemáticamente el protagonismo mediático que sí buscaron sus compañeros durante el pico comercial de los años ochenta.
Antes de ZZ Top
Beard nació el 11 de junio de 1949 en Frankston, Texas, y se crió en Irving, donde estudió en la Irving High School. Antes de formar parte de ZZ Top pasó por una serie de bandas locales de Dallas —Cellar Dwellers, Hustlers, Warlocks— junto a Dusty Hill, con quien coincidiría después en el trío definitivo.
Su currículum incluye un episodio poco conocido: formó parte de una versión falsa de The Zombies que giró por Estados Unidos sin autorización de la banda británica original, un fraude habitual en el circuito de covers de finales de los sesenta. También tocó en American Blues, el grupo del que salió Hill antes de unirse a Gibbons.
En mayo de 1969 se integró a The Moving Sidewalks, el proyecto de Gibbons que dos meses después se transformaría en ZZ Top. Fue Beard quien sugirió reclutar a Hill para completar la alineación, una decisión que fijaría el trío más longevo del rock estadounidense.
El shuffle como firma técnica
La aportación técnica de Beard fue un patrón de shuffle texano, apenas adelantado al pulso, que convirtió canciones de blues de doce compases en material radiable sin perder su raíz. Ese fraseo sostiene “La Grange” y “Tush”, publicadas en Tres Hombres (1973), el álbum que metió a ZZ Top en el top 10 del Billboard 200.
No era un baterista de firuletes ni de solos extensos. Su valor estaba en la precisión rítmica que le permitía a Gibbons improvisar libremente sobre una base estable. Gibbons lo reconoció al confirmarse su muerte, atribuyendo directamente a Beard el mérito de mantener a la banda “en la cima” durante seis décadas.
La adicción y el año que casi lo destruye
En 1977, ZZ Top cobró su primer gran cheque de regalías, 72 mil dólares para Beard. Según relató el propio baterista en el documental ZZ Top: That Little Ol’ Band From Texas (2019), gastó “cada centavo” en drogas, principalmente heroína, cocaína y LSD.
Beard describió su consumo sin eufemismos en esa misma entrevista, llamándolo directamente “unas vacaciones para la mente”. Reconoció también las pérdidas concretas de esos años: vendió su primer set de batería Ludwig para comprar droga y admitió haber dañado relaciones personales de forma irreparable.
La banda entró en pausa después de Tejas (1976), en parte para que Beard pudiera estabilizarse. No fue suficiente de inmediato. El baterista entró formalmente a un programa de rehabilitación de 30 días en 1984, tras años de consumo que, según contó, ya no podía sostener.
Dusty Hill describió esos años con una frase que resumía el carácter de su compañero. Según recordó el bajista, Beard “iba a fondo en todo lo que hacía, y eso incluía lo malo”. Beard mantuvo la sobriedad desde entonces y la citó públicamente como la razón de su longevidad en la banda.
Una alineación que desafió al rock
ZZ Top mantuvo a Beard, Gibbons y Hill como formación fija durante 51 años, un caso excepcional en un género donde los cambios de alineación son la norma. Esa estabilidad sobrevivió giras masivas, el giro sintetizado de los años ochenta y una reinvención de imagen completa sin que ninguno de los tres abandonara el proyecto.
La única interrupción real llegó por causas médicas ajenas al vínculo del grupo. Beard se perdió un show en París en 2002 por una apendicectomía de emergencia, sustituido por su técnico de batería John Douglas, quien volvería a cubrirlo dos décadas después.
Esa continuidad terminó en julio de 2021, cuando Hill murió mientras dormía en su casa de Houston a los 72 años. Por petición expresa del bajista, su técnico de dos décadas, Elwood Francis, ocupó su lugar. Beard y Gibbons siguieron girando con esa nueva configuración hasta la muerte de Beard, el 17 de agosto de 2026.
La vida fuera del escenario
Beard mantuvo un perfil bajo comparado con sus compañeros. Se dedicó al golf de forma seria y desarrolló una línea de salsas picantes como proyecto personal, alejado del negocio musical. Rara vez aparecía en entrevistas fuera de contextos ligados directamente a ZZ Top.
Su salud se volvió noticia recurrente en los últimos años de su vida. En marzo de 2025 se apartó “temporalmente” de la gira Elevation por un procedimiento médico sin especificar, y en abril de ese año se confirmó que también se perdería la etapa australiana del tour por recomendación médica.
Beard regresó a los escenarios de forma intermitente durante 2025 y 2026, pero con ausencias frecuentes cubiertas por Douglas y, más adelante, por el baterista Michael Monahan. La cancelación abrupta de un show en el Hollywood Bowl a principios de agosto de 2026 resultaría, días después, en la última señal pública antes de su muerte.
El shuffle que Frank Beard perfeccionó en Texas no necesitó reinventarse en cincuenta años porque nunca dejó de funcionar. Esa fue, en el fondo, toda su declaración artística.

