Ozzy Osbourne ha muerto. Y con él, no solo parte de la historia del metal: también se ha apagado una llama indomable que durante más de cinco décadas iluminó la oscuridad con riffs, gritos y pura entrega. El ‘príncipe de las tinieblas’ falleció el martes 22 de julio de 2025 a los 76 años, semanas después de dar su espectáculo de despedida, dejando tras de sí un legado imposible de medir en premios o titulares. Fue más que un ícono del heavy metal. Fue un manifiesto viviente de rebeldía, intensidad y autenticidad absoluta.
El mundo no tardó en reaccionar. Las lágrimas vinieron acompañadas de guitarras distorsionadas. Artistas, bandas, amigos y millones de fanáticos alrededor del planeta elevaron sus voces con respeto, gratitud y amor por quien nunca cantó para gustar… sino para arder.
Elton John, conmovido, escribió: “Tan triste escuchar la noticia del fallecimiento de @ozzyosbourne. Era un querido amigo y un gran pionero que aseguró su lugar en el panteón de los dioses del rock, una verdadera leyenda. También era una de las personas más divertidas que he conocido. Lo extrañaré mucho. A Sharon y la familia, les envío mis condolencias y amor.”
Rod Stewart no disfrazó la emoción: “Adiós, adiós Ozzy. Duerme bien, amigo mío. Te veré allá arriba, más tarde que temprano.” Un adiós que suena a promesa entre camaradas que compartieron escenarios, excesos y la gloria de las canciones inmortales.
Flavor Flav, otro testigo del impacto de Ozzy en el universo musical, no ocultó su tristeza: “Realmente con el corazón roto por el fallecimiento de OZZY OSBOURNE. Nos conocemos desde hace mucho tiempo y fue un verdadero honor verlo ser incorporado en el @rockhall el año pasado. Enviando mi amor y oraciones a Sharon, sus hijos y toda la familia. RIP.”
Incluso Nirvana, desde su cuenta oficial, reconoció el peso histórico: “Black Sabbath fue el modelo para el rock pesado.” Una frase que lo dice todo. Ozzy no solo participó en el nacimiento del metal. Lo moldeó, lo empujó al límite y lo sostuvo con su voz rasgada y espíritu indomable.
El camino final de Osbourne no fue fácil. En 2020, el cantante reveló que padecía la enfermedad de Parkinson. Su salud comenzó a deteriorarse tras una caída que agravó lesiones previas. Pero incluso en los momentos más duros, Ozzy nunca perdió el alma: “Todavía estoy vivo”, dijo con su humor sombrío característico, como si la muerte fuera solo otra nota dentro de su repertorio.
Hoy, Ozzy Osbourne deja el escenario. Pero lo que queda es eterno: una voz que desafió los cielos, una figura que bailó sobre el abismo y una música que se niega a morir. Su partida entristece al mundo, sí. Pero también lo llena de orgullo por haber coincidido con un espíritu que nunca se doblegó.
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