El mundo del heavy metal llora la pérdida de Ozzy Osbourne, el icónico vocalista de Black Sabbath, quien falleció a los 76 años el 22 de julio de 2025, según anunció su familia en un emotivo comunicado. Rodeado de sus seres queridos, el Príncipe de las Tinieblas dejó un legado monumental que definió un género y marcó generaciones. Su partida, apenas semanas después de su concierto final en Birmingham, cierra un capítulo histórico para el rock.
Una vida de excesos y resiliencia
Nacido en Birmingham, Inglaterra, en 1948, John Michael Osbourne creció en un entorno humilde, en una casa abarrotada junto a sus cinco hermanos. Su infancia no fue fácil: enfrentó bullying constante y abandonó la escuela a los 15 años para trabajar en empleos como afinador de trompetas y en un matadero. Incluso tuvo un breve paso por la cárcel tras un robo menor, un reflejo de su juventud rebelde. Sin embargo, fue en la música donde encontró su verdadera vocación.
En 1967, Ozzy dio sus primeros pasos como vocalista en la banda Rare Breed, que se disolvió rápidamente. Pero el destino lo unió con Tony Iommi, Geezer Butler y Bill Ward, formando Earth, que pronto se convirtió en Black Sabbath. Este cuarteto no solo creó un sonido revolucionario con su álbum debut homónimo en 1970, sino que sentó las bases del heavy metal con discos como Paranoid (1970) y Master of Reality (1971). Canciones como “Iron Man” y “War Pigs” se convirtieron en himnos eternos, a pesar de las críticas iniciales que calificaban su música de “monótona”.
La vida de Osbourne estuvo marcada por excesos. Su abuso de drogas y alcohol lo llevó a momentos infames, como el episodio en 1982 cuando arrancó la cabeza de un murciélago (ya muerto) durante un concierto en Des Moines, Iowa, tras ser lanzado al escenario por un fan. Este incidente, junto a otros, alimentó su imagen de rockero indomable, pero también lo llevó a ser despedido de Black Sabbath en 1979. Lejos de rendirse, Ozzy lanzó una exitosa carrera solista con discos como Blizzard of Ozz (1980) y No More Tears (1991), consolidándose como una figura imprescindible del género.
La lucha contra la salud y un adiós épico
Los últimos años de Ozzy estuvieron marcados por problemas de salud. Un accidente en cuatriciclo en 2003 le dejó lesiones en el cuello que se agravaron tras una caída en 2019. Ese mismo año, fue diagnosticado con enfermedad de Parkinson, una condición que limitó su movilidad y lo obligó a cancelar giras, incluyendo la europea de No More Tours II en 2023. A pesar de esto, su espíritu combativo lo mantuvo activo. En 2022, lanzó Patient Number 9, un álbum que contó con colaboraciones de lujo como Tony Iommi, Eric Clapton y Jeff Beck, y que le valió un Grammy al Mejor Álbum de Rock en 2023.
El 5 de julio de 2025, Ozzy se despidió de los escenarios con un concierto histórico en el estadio Villa Park de Birmingham, titulado “Back to the Beginning”. Acompañado por los miembros originales de Black Sabbath —Iommi, Butler y Ward— por primera vez en 20 años, interpretó clásicos como “War Pigs”, “N.I.B.”, “Iron Man” y “Paranoid”. Sentado en un trono negro adornado con murciélagos, su voz seguía siendo tan poderosa como siempre, emocionando a 40,000 asistentes y millones vía streaming. El evento, que incluyó a bandas como Metallica, Guns N’ Roses y Slayer, recaudó fondos para organizaciones benéficas como Cure Parkinson’s y el Birmingham Children’s Hospital.
Un legado que trasciende el metal
Ozzy Osbourne no solo fue un pionero del heavy metal, sino un ícono cultural. Su reality show “The Osbournes” en los 2000 lo conectó con nuevas audiencias, mostrando su lado familiar junto a su esposa Sharon Osbourne y sus hijos Kelly, Jack y Aimee. Su relación con Sharon, marcada por altibajos como un intento de agresión en 1989 durante un episodio de consumo de drogas, fue un pilar en su vida. A pesar de las controversias, su carisma y autenticidad lo convirtieron en una figura venerada.
Con más de 100 millones de discos vendidos entre Black Sabbath y su carrera solista, dos premios Grammy y su ingreso al Salón de la Fama del Rock and Roll en 2006, Ozzy deja un impacto imborrable en la música. Su última actuación en los Juegos de la Commonwealth 2022, donde interpretó “Iron Man” y “Paranoid” junto a Iommi, fue un recordatorio de su resiliencia: “No puedo caminar, pero estoy aquí”, dijo en su programa de radio.
El Príncipe de las Tinieblas se fue, pero su música seguirá resonando. Como él mismo dijo en su despedida: “Gracias desde lo más profundo de mi corazón”. El heavy metal no será lo mismo sin él.

