El viernes 21 de junio, la Arena Ciudad de México vibró con la presencia de uno de los íconos más emblemáticos del punk ibérico, convirtiendo la noche en una experiencia inolvidable y llena de energía.
Evaristo Páramos, que desde 1979 irrumpió con La Polla Récords además de otros proyectos como The Kagas, The Meas, Gatillazo y Tropa do Carallo, regresaba a México para celebrar todo su bagaje de insurrección, irónicamente en un recinto ligado a una de las familias más ricas del país: Salinas Pliego.
Desde horas antes del show ya había gente tomando alrededor para tomar un par de cervezas para llegar enfiestados a la cita, e incluso hablando de un posible portazo. Sin embargo el recinto de Azcapotzalco estaba listo con seguridad extra, por lo cual todo fluyó con tranquilidad.
Una vez dentro del inmueble podías ver una mezcla interesante de punks de cepa con sus cabellos de colores bien parados junto a personas que iban saliendo de su trabajo pero que al final se unieron al compás de la música.
Tras unos minutos de retraso, que los asistentes señalaron con chiflidos, la estrella de la noche hizo su entrada. El gallego, apasionado seguidor del Celta de Vigo, subió al escenario y, sin rodeos ni formalidades, desató con fuerza el inicio del espectáculo.

Aunque algunos punks “rebeldes” causaron pequeños disturbios, estos fueron controlados de manera rápida y eficiente, permitiendo que el concierto se desarrollara sin mayores incidentes, salvo los provocados por la intensidad del escenario. Evaristo, fiel a su estilo directo y contestatario, interpretó temas de todos sus proyectos, con un claro enfoque en el grupo con el que grabó 13 discos. Hablando poco y con un cigarro consumiéndose en su mano, el gallego conectó de inmediato con el público. “Todos los sitios son iguales; como esto es una discoteca, hay que aprovechar”, comentó en uno de sus primeros diálogos, dando luz verde para que los asistentes cantaran a todo pulmón y desataran el mosh con sus canciones.
Temas como “Nuestra Alegre Juventud”, “Salve” y “Ellos Dicen Mierda” resonaron uno tras otro, encadenando más de cuarenta canciones sin que el público apenas notara el paso del tiempo. A sus 65 años, Evaristo recorría el escenario con una vitalidad imparable, alimentado por la energía de las 15 mil personas que abarrotaban el lugar. Aunque hubo una breve pausa hacia el final del concierto, esta solo sirvió para tomar un último respiro antes de cerrar el espectáculo con la misma intensidad arrolladora con la que comenzó.

Se podrá decir mucho sobre el recinto, el boletaje o si Evaristo es uno de los punks más vendidos; sin embargo, el español demostró cómo se hace un show de punk a gran escala, sin parafernalia de más, simplemente un mensaje, y como diría él mismo: “Ellos dicen mierda y nosotros amén… a menudo llueve”.

