Fotografías: Yussel Barrera
El pasado 1 de mayo, el Foro Veintiocho de la Ciudad de México se transformó en una cápsula del tiempo alimentada por riffs incendiarios y una energía desbordante. La banda sueca H.E.A.T. debutó en suelo mexicano con un concierto que, más que una simple parada de su gira latinoamericana 2025, fue una celebración absoluta del hard rock con espíritu ochentero. La lluvia no importó, el tráfico quedó atrás: lo que se vivió esa noche fue una comunión entre banda y público que sólo se da cuando el rock se convierte en catarsis.

Desde el primer acorde de “Disaster”, la banda salió decidida a arrasar con todo. Kenny Leckremo, vocalista original que regresó al grupo en 2020, se plantó en el escenario como si jamás se hubiera ido. Su voz, aún más afilada que en los discos, navegó sin esfuerzo entre los agudos imposibles y las líneas melódicas cargadas de dramatismo, empujando cada canción con una pasión feroz. La audiencia —varias decenas de fieles con camisetas negras, bandanas y viniles en mano— respondió desde el primer segundo con los puños en alto y las gargantas encendidas.

“Emergency” y “Dangerous Ground” elevaron la temperatura del lugar, que ya era un hervidero. La entrega del público fue total, cantando cada palabra como si hubieran esperado toda su vida por este momento. Y probablemente muchos así lo sintieron: ver a H.E.A.T. por primera vez en México era una deuda histórica saldada con creces. El Foro Veintiocho resultó el recinto perfecto para una banda que vibra mejor cuando puede mirar a los ojos a sus seguidores.

El setlist fue una montaña rusa sin frenos. Himnos como “Living on the Run” y “A Shot at Redemption” fueron coreados con una intensidad que hizo retumbar el techo. Entre canción y canción, los músicos sonreían, saludaban, y se notaba en sus rostros el asombro ante una audiencia tan entregada. No hubo poses, no hubo discursos forzados: sólo música, sudor y conexión real. “Beg Beg Beg” incluyó una jam extendida que hizo bailar hasta a los más rígidos, mientras “Back to the Rhythm” provocó una ola de nostalgia gloriosa.

H.E.A.T regaló una noche donde el hard rock dejó de ser un género para convertirse en un lenguaje compartido entre extraños que, por unas horas, fueron una misma tribu. “One by One” y “1000 Miles” cerraron el set con una intensidad tan alta que más de uno terminó con los ojos brillosos.

Al terminar, la gente salió con sonrisas, algunos aún tarareando, otros buscando a quién contarle lo vivido. H.E.A.T. prometió volver, y si la respuesta fue esta en su primera visita, su regreso será aún más explosivo.



