Faltaban más de cinco horas para que la sala Custom de Sevilla abriera sus puertas y ya habían llegado los fans más devotos de GEOFF TATE con la esperanza de coincidir con él antes del concierto. No tuvieron esa suerte, pero la larga espera para ocupar un lugar cercano al escenario siempre da como fruto conocer gente nueva o reencontrarse con los que tienen por costumbre acudir con mucha antelación, y todos tienen en común su melomanía y un considerable número de conciertos a sus espaldas, por lo que la conversación fluye fácilmente amenizando la tarde.
El horario previsto no se cumplió, retrasándose la apertura un tiempo que se hizo eterno para quienes ansiaban refugiarse en el aire acondicionado de la sala. Pero, como mi abuela solía decir, todo pasa y todo llega, y finalmente pudieron tomar posiciones en el interior.
Los había congregado allí una de las fechas anunciadas como la última oportunidad de disfrutar la interpretación de principio a fin de Operation: Mindcrime, junto con algunos temas clásicos y otros nuevos. Si por algún extraño motivo estás leyendo esta crónica sin conocer esta obra maestra del género, debes saber que GEOFF TATE fue el vocalista de QUEENSRŸCHE, banda que publicó en 1988 uno de los álbumes más aclamados del metal, que cuenta una historia de manipulación, corrupción y control mental.
Gran parte de los asistentes acudían documentados, habiendo realizado un trabajo de investigación sobre lo que iba a suceder antes del show principal, y comentaban curiosidades sobre las dos actuaciones que lo iban a preceder. El aperitivo lo ofrecería JAMES KEEGAN, jovencísimo cantaautor irlandés definido como atmospheric folk-pop, y lo seguiría la banda OGMA, compuesta por varios miembros que después tocarían con GEOFF TATE.


JAMES KEEGAN abrió la noche con su guitarra acústica en el escenario, a quien hay que reconocerle valor por varios motivos. En primer lugar, el público que se espera en estos eventos no es el más afín al género al que este músico se adhiere. En segundo lugar, el espectáculo es él y nada más, no hay juegos de luces, efectos sonoros, acompañamiento de otros instrumentos, proyecciones en una pantalla o demás parafernalia tecnológica. Y él solo, sin ayuda, convenció a una audiencia a la que dejó atónita con solo cuatro canciones. Nada más empezar ya sorprendió con la pasión de su interpretación. En los pocos minutos que tenía para dejar huella en la memoria de los presentes hizo algo inédito: desenchufarse mientras cantaba “Santiago”. Desconectó el cable de la guitarra, dejó el micrófono atrás y desde el borde del escenario llenó la sala con un torrente de voz. Sin duda, este momento unplugged convenció incluso a aquellos que no suelen prestar demasiada atención a los artistas invitados.

El programa de la noche seguía con la banda OGMA. Para los que habían curioseado previamente no iba a ser una sorpresa que esta banda, también irlandesa, estaba formada por tres integrantes de la banda de GEOFF TATE. Ellos también tenían un tiempo reducido para convencer, pero lo tuvieron fácil.


Con un setlist que combinaba versiones de THIN LIZZY (“Jailbreak”) o FREE (“All Right Now”) y material propio (la intraducible “Uaigneas” o su potente “Enslaved”) se metieron al público en el bolsillo rápidamente. El carisma de los tres músicos a cargo de las cuerdas atrapó la atención de principio a fin. Liderados por DJ O’Sullivan, nos regalaron una actuación de ritmo frenético, con saltos coordinados, buena conexión entre ellos y temas arrolladores, e incluso dando la oportunidad al guitarrista James Brown de tomar el micrófono durante “New Day”.

OGMA demostró que compartir músicos entre telonero y estrella principal no trae nada más que ventajas, y no solo logísticas. Es imposible defraudar al público, que está disfrutando de la banda incluso antes de que empiece la sección más esperada de la noche. Para el espectador son dos actos de la misma obra, diferentes pero entrelazados.


Tras la marcha de OGMA, el momento culminante se iba acercando. Con el cambio del batería por Michele Panepinto y las incorporaciones de Clodagh McCarthy como teclista y Amaury Altmayer como guitarrista, el grupo que acompañaría a GEOFF TATE quedaría completo.


Es una ardua tarea trasladar con palabras la experiencia de vivir en directo “Operation: Mindcrime”. Especialmente para quienes (y somos muchos) nos hemos aprendido el disco desde su publicación. Está en nuestra estructura neuronal desde hace décadas, y nos sabemos cada nota, cada palabra y cada efecto sonoro tras escucharlos, sin exagerar, cientos de veces. En nuestras cabezas resuenan los acordes, los solos de guitarra y los arreglos musicales junto a las imágenes de los videoclips y las generadas por nuestra propia interpretación de la historia.



Y precisamente de eso se vale GEOFF TATE para no necesitar atrezzo a la hora de recrear este disco conceptual sobre el escenario. Él pone la interpretación, la banda pone la música y el resto lo pones tú, convirtiendo la experiencia en algo completamente único, que cada uno de nosotros sentiremos de manera profundamente personal.
La introducción “I Remember Now” dio pie a que aparezcan los músicos sobre el escenario, desatando la locura en la pista. La potencia que emanaban los amplificadores, con tres guitarristas y un bajista tocando la introducción instrumental de “Anarchy-X”, desató la euforia entre los fans, creando una perfecta comunión con la banda desde el principio. Tras el merecido protagonismo de los cuatro encargados de poner las cuerdas a vibrar aparecía Tate para acaparar las miradas.

Si bien es cierto que durante el comienzo de “Revolution Calling” tuvo algún pequeño fallo vocal sin importancia, a partir del primer estribillo ya dio todo lo que esperábamos de él. A partir de ahí fue un disfrute sin pausa. Geoff Tate es un espectáculo en sí mismo cuando interpreta cualquier tema de “Operation: Mindcrime”. La expresividad de sus gestos, sus miradas y su postura corporal lo hacen único, a lo que también contribuye su voz, que cuando habla es profunda y cuando canta llega a lo más alto.
Ya desde los primeros temas el público demostraba cuánto sabía de esta obra conceptual, completando cualquier frase que Tate dejaba sin cantar. La combinación de las tres guitarras daba lugar a algunas sorpresas en el sonido final, en el que algunas notas y algunos acordes se añadían sobre la línea original. Lo que el setlist respetó rigurosamente, como es lógico, es el orden de los temas del disco, que fueron narrando la historia que nos había reunido allí. Así, “Speak”, “Spreading The Disease” y “The Mission” nos sumergieron completamente en la conspiración y acompañamos a Nikki en su espiral de autodestrucción.


“Suite Sister Mary” nos regaló un dueto con la irlandesa Clodagh McCarthy, quien se reveló como una artista polifacética, demostrando que se merece mención aparte dentro de la banda. Su puesto entraña una gran dificultad, ya que durante toda la actuación ha de alternar entre encargarse de los teclados y los coros desde atrás e imponer su presencia en primera línea como Sister Mary, cantando e interpretando. Con un simple rosario al cuello simbolizaba su personaje dentro de la historia. Cuando no estaba compartiendo protagonismo con Tate volvía tras el teclado sin salirse del personaje, dando lugar a una curiosa mezcla entre corista, actriz y música.


Tras una breve pausa en la que el público tuvo oportunidad de corear “Geoff, Geoff”, los temas seguían sucediéndose. Durante “The Needle Lies” y “Electric Requiem” no solo se disfrutó de la música, también del buen rollo que había entre los miembros de la banda. Todos estaban a gusto. Especialmente el bajista australiano Jimmy Wynen se lo estaba pasando en grande, sin parar de sonreír en toda la actuación, interactuando con todos, sin importarle que a su alrededor estaban sucediendo crímenes, operaciones secretas y oscuros juegos de poder.
“Breaking The Silence” y “I Don’t Believe In Love” elevaron aún más la intensidad de la actuación, con un público enfervorecido, que era consciente de la suerte que tenía de vivir en directo la interpretación de dos de los temas que contribuyen más significativamente al éxito del disco. El buen ambiente no decayó durante la última parte de la ejecución de este primer capítulo de “Operation: Mindcrime”, acabando con “Eyes Of A Stranger”.



La banda entonces se tomó un merecido descanso mientras el público otorgaba la matrícula de honor con el “oe, oe” que se reserva a aquellos músicos que nos hacen vibrar. Siendo conscientes de que esta es la última vez que veremos esto en nuestras vidas (¿o tal vez podremos convencer a Tate de que vuelva a hacer otra gira con el álbum íntegro?), aún no queremos irnos.



Tate señaló la audiencia multigeneracional que había sido arrastrada esa noche, compuesta tanto por menores de edad como por aquellos que estábamos ya escuchando música cuando el heavy metal estaba aún definiéndose y los que quedan entre ambos grupos. En estos minutos finales se despojó del disfraz virtual que había llevado hasta ese momento. La faceta de actor dio paso a la de líder de una banda de rock, interactuando más con el público en un ambiente de pura fiesta.
Para no dejarnos con el sabor de la nostalgia, aún quedaba el acto final, en el que se mezclaron temas nuevos como “The Answer”, extraído de la tercera parte de “Operation: Mindcrime”, y temas clásicos como “Jet City Woman” o “Empire”. Todo acabó con “Queen Of The Reich”, cerrando así un inolvidable concierto de una hora y tres cuartos que nos dejó llenos de energía.
Esta redactora despide esta crónica agradeciendo a Etin Produccions haberla hecho posible.

