domingo, abril 19, 2026
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    (VIDEOS) El último rugido de los titanes: Black Sabbath se despidió en un apocalipsis sonoro

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    En el corazón industrial de Inglaterra, donde el heavy metal nació hace más de cinco décadas, el estadio de fútbol de Aston Villa se convirtió en un santuario profano. Bajo un cielo plomizo que parecía rendir homenaje al sonido denso y oscuro que definió a Black Sabbath, cerca de 40 mil fanáticos se congregaron para presenciar Back To The Beginning, el concierto que marcó el adiós definitivo de los pioneros del género. No fue solo un evento; fue una liturgia, un estallido de fuego y acero que resonó como el fin de una era y el nacimiento de un mito inmortal.

    Organizado como un homenaje colosal, el espectáculo reunió a los nombres más grandes del heavy metal en un acto que los medios ya han bautizado como “el Live Aid del metal”. Con el carismático Jason Momoa como maestro de ceremonias y el icónico Tom Morello, conocido por su trabajo con Rage Against the Machine, como director musical, la noche prometía ser un cataclismo sonoro. Morello, con su característica intensidad, había jurado días antes que sería “el concierto de heavy metal más grande de la historia”. Y no exageró.

    La velada comenzó con un rugido primal cuando Halestorm, liderados por la feroz Lzzy Hale, tomó el escenario. “¡No estamos aquí para decir adiós, estamos aquí para agradecerles por todo!”, exclamó Hale, desatando una interpretación de Sabbath Bloody Sabbath que electrizó al público. Su voz, un relámpago que cortó el aire, marcó el tono de una noche que sería tan visceral como emotiva. Le siguieron gigantes del género: Metallica, con James Hetfield ofreciendo una versión de Children of the Grave que parecía invocar a los mismísimos dioses del metal; Pantera, cuya interpretación de Planet Caravan, con la voz gutural de Phil Anselmo, sumergió al estadio en una atmósfera casi cósmica; y Tool, con Maynard James Keenan, ataviado con un estilo gótico que evocaba al Travis Bickle de Taxi Driver, entregando una Hand of Doom que oscilaba entre lo hipnótico y lo apocalíptico.

    Anthrax, comandados por Scott Ian, no se quedó atrás. Su versión de Into the Void resonó con una energía cruda, mientras Ian gritaba: “¡Esto es por Sabbath, los que nos dieron todo!”. Lamb of God, Slayer, Guns N’ Roses y Alice in Chains también rindieron tributo, cada uno reinterpretando clásicos de Sabbath con una mezcla de reverencia y furia que mantenía al público en un trance colectivo. Cada banda parecía no solo tocar, sino exorcizar el espíritu de Black Sabbath, demostrando cómo su legado ha moldeado generaciones.

    Una pantalla gigante detrás del escenario proyectaba mensajes de figuras que no podían estar presentes pero que querían rendir homenaje. Elton John, con un emotivo “Ozzy, tú nos enseñaste a rugir”, y Jack Black, con su humor irreverente, declarando que “Black Sabbath inventó el headbanging y el alma del metal”, arrancaron aplausos. Sin embargo, no todo fue unánime: la inclusión de un video de Marilyn Manson, quien llamó a Ozzy “mi amigo y mi inspiración”, generó controversia. En la red social X, las reacciones fueron inmediatas, con usuarios expresando su indignación: “Manson no tiene lugar en este altar”, escribió uno, reflejando el malestar de algunos fans por las acusaciones pasadas contra el músico, aunque desestimadas en enero. La transmisión en streaming, que alcanzó más de 5 millones de espectadores globales, amplificó tanto la euforia como las críticas.

    El clímax llegó cuando, al son de la monumental O Fortuna de Carl Orff, un trono negro adornado con alas de murciélago emergió del escenario, envuelto en nubes de humo. Sentado en él, con los ojos brillando como brasas y una sonrisa desafiante, estaba Ozzy Osbourne, el Príncipe de las Tinieblas. A sus 76 años, luchando contra el Parkinson, su presencia era una mezcla de fragilidad y poder indomable. “¡Que empiece la maldita locura!”, rugió, y el estadio estalló mientras los primeros acordes de I Don’t Know retumbaban como un trueno. Su voz, aunque marcada por el tiempo, seguía siendo un alarido primal, un eco de los días en que Sabbath forjó el heavy metal en las fundiciones de Birmingham.

    El set en solitario de Ozzy fue un torbellino de emociones. Mr. Crowley, con su aura mística, envolvió al público en un hechizo; Crazy Train desató un frenesí colectivo, con miles de gargantas coreando “All aboard!”. Luego, Black Sabbath, con Tony Iommi y Geezer Butler, tomó el control. Iommi, con su guitarra afilada como una guillotina, y Butler, con bajos que parecían hacer temblar la tierra, llevaron War Pigs a un terreno de furia política que resonó con una relevancia inquietante. Iron Man, con su riff inmortal, convirtió el estadio en un campo de batalla sonora. Y cuando llegó Paranoid, el cielo se iluminó con fuegos artificiales, confeti y un pastel gigante que fue llevado al escenario, mientras Ozzy, visiblemente emocionado, agradecía entre lágrimas y risas.

    El evento no solo fue un espectáculo, sino un acto de gratitud y solidaridad. Todas las ganancias fueron destinadas a tres organizaciones benéficas: Cure Parkinson’s, Birmingham Children’s Hospital y Acorn Children’s Hospice, un gesto que añadió una capa de humanidad a la ferocidad del metal. La noche culminó con un broche de oro: mientras los acordes finales de Paranoid aún resonaban, el cielo se llenó de luces y colores, y el público, en un acto de comunión, cantó al unísono, como si quisiera eternizar el momento.

    Back To The Beginning no fue un funeral, sino una celebración de un legado que trasciende generaciones. Black Sabbath, con Ozzy al frente, no se despidió; ascendió al Olimpo del heavy metal, dejando un eco que resonará por siempre. Como dijo Tom Morello al cerrar la noche: “Esto no es el fin, es el principio de la inmortalidad”. Y así, en Birmingham, la cuna del metal, los titanes rugieron por última vez, pero su eco seguirá vibrando en los corazones de los fieles.

    El heavy metal no muere; solo se transforma.

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    Yussel Barrera
    Jefe de información de Heavy Mextal/ Músico semiretirado de la escena under de Iztapalapa; dejé la guitarra para tomar la pluma y trazar historias en lugar de un solo./ Contacto: yussel@heavymextal.com/

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