Fotografías: Yussel Barrera //
El viernes 25 de abril de 2025, la Ciudad de México vibró con una intensidad feroz. El Fvck Off Room, una nueva sala ubicada en una esquina discreta cerca del metro Patriotismo, se convirtió en el epicentro del metal extremo. Sus paredes grafiteadas, impregnadas de años de sudor y decibeles, estaban listas para recibir a Suffocation, los titanes del brutal death metal, en la última parada de su Hymns from the Apocrypha Latin America Tour 2025. La expectativa era palpable: el aire olía a cerveza, cuero y anticipación. Afuera, una fila de camisetas negras con logos indescifrables serpenteaba por la banqueta, mientras los vendedores ambulantes ofrecían parches y discos. Adentro, el calor humano y las luces tenues creaban una atmósfera densa, casi claustrofóbica, perfecta para lo que estaba por venir.

A las 8:30 p.m., el escenario se iluminó con un resplandor rojizo, y los locales de Surgery tomaron el control. Esta banda chilanga, con más de una década en la escena under del death metal mexicano, no vino a calentar el ambiente: vino a incendiarlo. El vocalista Chava desató guturales que parecían surgir de las entrañas de la tierra, mientras Ángel y Dave, en guitarra y bajo, tejían riffs afilados con un toque melódico que recordaba a los grandes del género. Ray, detrás de la batería, era una máquina de precisión, marcando blast beats que hacían temblar el piso pegajoso del lugar. Su set fue breve pero devastador, con temas que combinaban la crudeza del death metal clásico con un aire fresco que los distingue en la escena local. Surgery no solo abrió el show; dejó claro que el metal mexicano tiene colmillo.
Pasadas las 9:00 p.m., el ambiente alcanzó un punto de ebullición. El Fuck Off Room, con su capacidad para unas 400 almas, estaba abarrotado. El público era una mezcla ecléctica: metaleros de la vieja guardia con chalecos llenos de parches, jóvenes con gorras de béisbol al revés, y hasta algunos curiosos atraídos por la leyenda de Suffocation. La banda, formada en Long Island, Nueva York, en 1988, es una institución del death metal. Pioneros del subgénero brutal, su discografía —desde Effigy of the Forgotten (1991) hasta Hymns from the Apocrypha (2023)— es un manual de técnica, velocidad y agresión. Esta noche, la alineación estaba liderada por Ricky Myers (voz), con Terrance Hobbs (guitarra líder), Charlie Errigo (guitarra rítmica), Derek Boyer (bajo) y Eric Morotti (batería). Cada uno, un maestro en su instrumento, prometía un asalto sonoro sin piedad.

El show arrancó con “Seraphim Enslavement”, el tema que abre su último álbum. Desde los primeros acordes, el Fuck Off Room se transformó en un campo de batalla. El mosh pit estalló en el centro de la pista, con cuerpos chocando como si fueran impulsados por una fuerza primal. Ricky Myers, con su presencia imponente y guturales que parecían rasgar el tejido de la realidad, dominaba el escenario. Su voz, profunda y visceral, era el ancla de un sonido que combinaba riffs laberínticos, blast beats frenéticos y un bajo tan grave que se sentía en el pecho. Terrance Hobbs, una leyenda viviente, no solo tocaba: performaba. Sus movimientos en el escenario, entre bailes y guiños al público, destilaban carisma. Cada solo era una exhibición de virtuosismo, recordándonos por qué Suffocation ha influido a generaciones de bandas.

El setlist fue un recorrido por su carrera, equilibrando clásicos con cortes recientes. “Thrones of Blood” y “Jesus Wept” desataron coros guturales entre la audiencia, mientras “Dim Veil of Obscurity” mostró la evolución de su sonido en Hymns from the Apocrypha. La banda, visiblemente agotada tras una gira que los llevó por Centro y Sudamérica, no escatimó en energía. Derek Boyer, con su bajo colgado casi a la altura de las rodillas, hacía que cada nota retumbara como un terremoto. Eric Morotti, en la batería, era un torbellino, alternando entre patrones técnicos y explosiones de velocidad que mantenían el ritmo implacable.
Un momento inolvidable llegó cuando Ricky Myers pidió al público nombrar la primera canción que Suffocation compuso. La respuesta, gritada al unísono, fue “Catatonia”, del EP Human Waste (1991). La banda sonrió y desató el tema con una furia nostálgica. El Fuck Off Room parecía a punto de colapsar bajo el peso del mosh y los alaridos. Myers, en un gesto de complicidad, tomó el celular de un fan en primera fila y grabó al público enloquecido, un recuerdo que seguramente ya circula en redes. El clímax llegó con “Infecting the Crypts”, un himno de Effigy of the Forgotten que cerró el set con una intensidad apocalíptica. El público, empapado en sudor y cerveza, rugía como si no quisiera que la noche terminara.

Suffocation no solo tocó; conectó. Entre canciones, Hobbs y Myers bromeaban con la audiencia, agradeciendo en un español básico pero sincero. Al final, la banda lanzó púas, baquetas y botellas de agua al público, un gesto que selló la comunión con sus fans mexicanos. Cuando las luces se encendieron, sonó “La Chona” por los altavoces, un guiño surrealista que desató risas y cánticos entre los metaleros, quienes salieron al fresco de la noche chilanga con la adrenalina aún corriendo por las venas.

Setlist:
- Seraphim Enslavement
- Thrones of Blood
- Jesus Wept
- Dim Veil of Obscurity
- Effigy of the Forgotten
- Hymns from the Apocrypha
- Pierced from Within
- Funeral Inception
- Catatonia
- Perpetual Deception
- Liege of Inveracity
- Infecting the Crypts


